México fabrica infraestructura para la expansión de la inteligencia artificial

México ya participa en la cadena industrial que sostiene el crecimiento de la inteligencia artificial, mediante la fabricación de componentes, gabinetes, tarjetas electrónicas y sistemas de enfriamiento para centros de datos. Un estudio publicado en 2026 por el National Bureau of Economic Research señala que los productos relacionados con IA representaron 23% de todas las importaciones estadounidenses de bienes durante 2025; México y Taiwán concentraron cerca de la mitad de ese comercio.

Las importaciones estadounidenses de bienes vinculados con inteligencia artificial crecieron 73% desde 2023, según el estudio. El dato coloca a México dentro de una red de suministro que no depende únicamente del desarrollo de modelos de lenguaje, algoritmos o agentes, sino de equipos físicos capaces de procesar, almacenar y enfriar grandes volúmenes de información.

Empresas de la región ya intervienen en distintos tramos de esa cadena. Algunas reciclan plástico que posteriormente se convierte en componentes; otras transforman chatarra en acero plano para fabricar gabinetes, ensamblan tarjetas electrónicas o producen sistemas de enfriamiento destinados a centros de datos. Estas actividades forman parte de la infraestructura requerida para operar servicios basados en IA.

La demanda de infraestructura acompaña la expansión de aplicaciones y compañías tecnológicas asociadas con inteligencia artificial. Detrás de los modelos de lenguaje y otros sistemas digitales se requieren metales, plásticos, componentes electrónicos, energía, equipos de refrigeración e instalaciones para alojar capacidad de cómputo.

La posición de México se apoya en una base manufacturera existente, experiencia exportadora e integración comercial con Estados Unidos. El reto señalado para las empresas mexicanas es ampliar su capacidad y desarrollar proveedores especializados que cumplan con exigencias de calidad, volumen y entregas consistentes dentro de una cadena en acelerado crecimiento.

La comparación con la fiebre del oro de California ilustra el papel de estos proveedores. Tras el hallazgo de oro por James Marshall en 1848, miles de personas viajaron a California en 1849, origen del nombre Forty-Niners. Mientras los buscadores acudían a las minas, empresarios como Samuel Brannan obtuvieron ingresos al comercializar palas, picos y otras herramientas necesarias para la actividad minera.

También surgieron servicios e industrias alrededor de aquella expansión: Wells Fargo desarrolló infraestructura para trasladar oro, dinero y documentos, y Levi Strauss atendió a una economía local en crecimiento. En la actual expansión de la inteligencia artificial, la manufactura de equipos y suministros representa el equivalente industrial de esas herramientas, una actividad en la que empresas mexicanas ya tienen presencia.

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