Tras la muerte de cuatro personas en los festejos por la victoria ante Ecuador, el Gobierno de la Ciudad de México implementó un operativo estricto para el partido de octavos de final contra Inglaterra. El Ángel de la Independencia quedará limitado a 25 mil personas, con cierre inmediato de accesos una vez alcanzado ese aforo. Esta decisión responde directamente a las aglomeraciones que provocaron la tragedia previa y marca un cambio de criterio: priorizar control sobre capacidad ilimitada.

La medida obliga a redistribuir a los aficionados. Se instalarán pantallas adicionales a lo largo de Paseo de la Reforma, en el Centro Histórico y en las 16 alcaldías. El dispositivo de seguridad movilizará más de 40 mil servidores públicos, incluyendo 17 mil policías, protección civil, bomberos y equipos médicos. El monitoreo constante desde el C5 busca detectar riesgos en tiempo real.
Ley Seca y responsabilidad compartida
La Ley Seca se ampliará en colonias como Roma Norte y Condesa para reducir el consumo excesivo de alcohol. Clara Brugada y Claudia Sheinbaum han insistido en que la colaboración de los aficionados es indispensable: respetar filtros, evitar zonas saturadas y celebrar con prudencia. El operativo no solo reacciona a un hecho aislado; refleja la necesidad de protocolos sostenibles para eventos masivos durante el Mundial 2026.
El reto radica en equilibrar la pasión futbolera con la seguridad física. Limitar el Ángel a 25 mil personas y dispersar la afición a otros puntos reduce el riesgo de estampidas, pero exige que miles de espectadores acepten alternativas. La eficacia del plan dependerá de que las autoridades mantengan la disciplina operativa y de que el público comprenda que la fiesta sin control ya demostró su costo.
