México se alejó en 2025 de la meta oficial de diversificar sus exportaciones. El Índice de Herfindahl-Hirschman (HHI), utilizado por el gobierno federal para medir la concentración de la oferta exportable, aumentó de 121.6 puntos en 2024 a 194.0 en 2025, muy por encima del objetivo de 117.5 establecido para ese año.
El deterioro no respondió a una caída general de las ventas mexicanas al exterior, sino a que una sola categoría de productos ganó un peso considerable dentro de la canasta exportadora. La subpartida denominada “unidades de proceso” pasó de representar 4.1% de las exportaciones totales a 10.7% en un año. Ese salto modificó la composición del comercio y elevó la dependencia relativa de México respecto de un grupo más reducido de mercancías.
Un producto gana peso y altera todo el indicador
Las unidades de proceso incluyen CPU, torres de computadoras, servidores y procesadores industriales que se importan como una unidad independiente, sin pantalla ni teclado. La clasificación excluye computadoras portátiles, equipos todo en uno y accesorios adquiridos por separado, como discos externos o tarjetas.
El aumento de esta categoría tiene una doble lectura. Por un lado, refleja la capacidad de México para atraer o ampliar operaciones vinculadas con la industria tecnológica y la manufactura avanzada. Por otro, muestra que un incremento muy concentrado puede tener un efecto estadístico relevante sobre la diversificación, aunque el valor total de las exportaciones crezca.
El HHI mide precisamente esa distribución. Cuando el índice aumenta, significa que la oferta exportable depende más de determinados bienes, mercados o combinaciones de ambos. Por ello, una mejora en el monto exportado no necesariamente implica una estructura más sólida: si el crecimiento se concentra en pocas subpartidas, la economía puede quedar más expuesta a cambios de demanda, precios, aranceles o decisiones de inversión internacional.

Estados Unidos mantiene el dominio sobre los envíos
La concentración también se observa desde el punto de vista geográfico. En 2025, 83% de las exportaciones mexicanas de productos tuvo como destino Estados Unidos, el mismo porcentaje registrado en 2024. La estabilidad anual no oculta una tendencia de largo plazo: en 2018, la proporción era de 79.5%, mientras que en el primer semestre de 2026 subió a 83.3%.
Esta trayectoria confirma que la integración comercial de América del Norte continúa profundizándose, pero también plantea un riesgo de dependencia. Una mayor presencia en el mercado estadounidense puede favorecer economías de escala, reducir costos logísticos y atraer inversiones orientadas a la región. Sin embargo, deja a los exportadores mexicanos más expuestos a cambios regulatorios, disputas comerciales y fluctuaciones de la demanda en un solo país.
La concentración por producto y la concentración por destino se refuerzan entre sí. Si una proporción creciente de una categoría específica se dirige principalmente a Estados Unidos, cualquier modificación en las reglas de acceso puede afectar simultáneamente el valor exportado, la composición de la canasta y el resultado del HHI.
Aranceles y reacomodo del comercio norteamericano
La Secretaría de Economía ha señalado que 2025 estuvo marcado por cambios importantes en la relación comercial con el principal socio de México. Desde marzo de ese año, las medidas arancelarias aplicadas por Estados Unidos modificaron las condiciones de intercambio para diversos países y sectores.
Las exportaciones mexicanas sujetas a la Sección 232 estadounidense —entre ellas productos automotrices ligeros, acero, aluminio y sus derivados, cobre y productos farmacéuticos— disminuyeron bajo el efecto de los aranceles. El retroceso de esas ramas también influye en la medición de concentración: mientras algunos sectores pierden participación, otros pueden ganar peso relativo incluso sin registrar un crecimiento extraordinario.
El entorno comercial entre Estados Unidos y China constituye otro factor. La guerra arancelaria entre ambas potencias redujo la participación china en las importaciones estadounidenses y abrió oportunidades para proveedores alternativos, incluido México. Esta sustitución favorece nuevos pedidos y proyectos productivos, pero puede concentrar aún más las exportaciones mexicanas en el mercado estadounidense si no se acompaña de una estrategia efectiva de apertura hacia otras regiones.
El T-MEC impulsa integración, pero limita la dispersión geográfica
Las reglas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá también han contribuido al aumento de los envíos mexicanos a Estados Unidos. El endurecimiento de las reglas de origen para determinados bienes, especialmente los automotrices, obliga a elevar el contenido regional para conservar las preferencias arancelarias. Ese requisito incentiva la producción dentro de América del Norte y fortalece las cadenas de suministro compartidas.
El resultado es una paradoja para la política comercial mexicana. La integración regional puede hacer más competitivas a las empresas y atraer inversiones que buscan operar dentro del T-MEC, pero al mismo tiempo puede reducir los incentivos para dirigir mercancías hacia mercados fuera de América del Norte. La diversificación no depende únicamente de vender más productos, sino de ampliar de manera sostenida el número de bienes y destinos capaces de absorber la oferta mexicana.
El desafío es convertir el crecimiento en resiliencia
El dato de 2025 no implica que las unidades de proceso representen un problema por sí mismas. Su mayor participación puede ser una señal de avance en sectores tecnológicos con potencial de crecimiento. El riesgo aparece cuando esa expansión no se acompaña de mayor variedad en componentes, manufacturas, servicios asociados y destinos comerciales.
Para reducir la vulnerabilidad, México tendría que aprovechar la inversión derivada de la relocalización productiva sin limitarse a ensamblar para el mercado estadounidense. La incorporación de proveedores nacionales, el desarrollo de capacidades tecnológicas y la apertura de canales comerciales en Europa, Asia y América Latina serían elementos clave para que el aumento exportador se traduzca en una canasta más equilibrada.
El HHI ofrece así una advertencia más amplia que un simple resultado estadístico: México puede estar ganando participación en cadenas internacionales y, al mismo tiempo, concentrando sus fuentes de crecimiento. La evolución de 2026 mostrará si el salto de las unidades de proceso fue un episodio puntual o el inicio de una nueva dependencia dentro de la estructura exportadora.
