Paraguay busca convertir dos ventajas de origen —energía abundante y recursos forestales— en una plataforma de inversión industrial. El ministro de Industria y Comercio, Marco Riquelme, presentó en Montevideo una agenda centrada en la apertura de la generación eléctrica al capital privado y en la creación de capacidad para procesar madera local, dos áreas donde identifica margen inmediato para socios extranjeros.

De recurso disponible a cadena de valor
La nueva normativa eléctrica permite desde el año pasado que empresas privadas generen y vendan energía al sistema nacional o a grandes consumidores. Riquelme apuntó especialmente a inversores con experiencia en contratos de largo plazo, almacenamiento mediante baterías y energía solar. El cambio reduce una barrera institucional histórica y puede ampliar la oferta energética para nuevas industrias, aunque su impacto dependerá de reglas estables, redes suficientes y proyectos financiables.
El potencial forestal expone una carencia más concreta: unas 100.000 hectáreas de eucalipto ya están listas para procesamiento, pero el país carece de industria suficiente para transformarlas en productos exportables. Para el Gobierno, exportar troncos sin valor agregado implica ceder empleo, tecnología y divisas. La apuesta no es solo plantar más, sino atraer aserraderos, plantas de tableros, celulosa u otras cadenas que capturen una mayor parte del negocio dentro del país.
Mercosur como condición estratégica
Riquelme también destacó incentivos para compañías que importen materias primas desde fuera del Mercosur y luego industrialicen en Paraguay, una combinación orientada a reforzar su competitividad regional. Como ejemplo de integración citó un eventual gasoducto bioceánico que conectaría Vaca Muerta con Brasil a través del Chaco paraguayo, con una inversión estimada en 10.000 millones de dólares.
Su mensaje final fue político y económico: Paraguay necesita a Brasil, Argentina y Uruguay para escalar industrialmente. La apertura sectorial puede atraer capital, pero la dimensión de los proyectos energéticos, logísticos y manufactureros exige mercados conectados y acuerdos previsibles. En esa lógica, el Mercosur deja de ser solo un marco comercial y pasa a ser la infraestructura institucional necesaria para transformar recursos en producción regional.
