La creciente competencia global por los minerales críticos ha vuelto a colocar al Perú en una posición de interés estratégico, no solo por su condición de potencia minera, sino también por la diversidad geológica de su territorio. Sin embargo, especialistas del sector advierten que disponer de recursos no será suficiente para capturar los beneficios de esta nueva etapa: el país necesitará fortalecer sus capacidades científicas, tecnológicas e industriales para identificar, caracterizar y procesar materiales de alto valor.
El debate surge en un contexto en el que Estados Unidos, China, la Unión Europea y otras economías buscan asegurar el abastecimiento de insumos esenciales para baterías, redes eléctricas, semiconductores, energías renovables, equipos digitales y sistemas de defensa. El cobre conserva un papel central en esta transición, pero la agenda internacional se ha ampliado hacia otros elementos cuya disponibilidad, procesamiento y trazabilidad inciden cada vez más en la seguridad económica y geopolítica.

De la extracción al conocimiento aplicado
La oportunidad peruana está vinculada a una pregunta de fondo: si el país se limitará a exportar concentrados y materias primas o si podrá desarrollar conocimiento propio para agregar valor a sus recursos. Esa diferencia depende de la calidad de la información geológica disponible, de la capacidad para analizar muestras con precisión y de la formación de profesionales capaces de conectar minería, física, química, electrónica, sensores e inteligencia artificial.
Perú no parte de una base inexistente. El Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (INGEMMET) ha acumulado décadas de trabajo en cartografía, geoquímica y prospección. Universidades públicas y privadas cuentan con investigadores en disciplinas relacionadas con las ciencias de la tierra y la ingeniería. A ello se suma la infraestructura del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), incluido el reactor de investigación RP-10, que posee capacidades relevantes para el análisis científico de materiales.
Una de ellas es el análisis por activación neutrónica, técnica que permite determinar la composición elemental de una muestra mediante la interacción de neutrones con sus núcleos atómicos. El método puede aportar mediciones precisas para estudios geológicos, mineros y de ciencia de materiales, particularmente cuando se requiere identificar elementos presentes en concentraciones reducidas o validar resultados obtenidos con otras tecnologías.
El RP-10 como infraestructura nacional
La propuesta planteada para ampliar el uso del RP-10 parte de considerarlo como una infraestructura científica de alcance nacional y no únicamente como un activo institucional del IPEN. Bajo esa perspectiva, investigadores de regiones mineras como Arequipa, Puno, Moquegua o Cajamarca podrían acceder a proyectos y mecanismos transparentes de colaboración, mientras que las empresas tendrían la posibilidad de participar en iniciativas conjuntas de investigación y validación.
La descentralización de estas capacidades tendría implicancias prácticas. Muchas zonas con potencial geológico se encuentran lejos de los principales centros de investigación, y la falta de acceso a laboratorios especializados puede retrasar la caracterización de muestras o limitar la participación de equipos regionales. Abrir redes de análisis, intercambio de datos y formación técnica permitiría que la información generada en campo tenga una ruta más directa hacia decisiones de exploración, inversión y desarrollo tecnológico.
El reto, no obstante, excede a un reactor de investigación. La minería moderna emplea espectrometría gamma, fluorescencia de rayos X, sensores hiperespectrales, sistemas geoquímicos y herramientas de procesamiento de datos que permiten analizar materiales con mayor rapidez. La incorporación de estos equipos no reemplaza el trabajo geológico convencional, pero puede mejorar la selección de objetivos, reducir incertidumbres y hacer más eficiente la toma de muestras.
Una línea de investigación aún por validar
Entre las alternativas en evaluación figura el uso de técnicas nucleares basadas en neutrones, especialmente el Prompt Gamma Neutron Activation Analysis, conocido como PGNAA. Su principio consiste en irradiar un material con neutrones y analizar la radiación gamma emitida durante la interacción. Cada elemento produce señales características, por lo que la lectura de esas emisiones puede ofrecer información sobre la composición del material examinado.
Los avances en generadores compactos de neutrones, detectores gamma y sistemas de procesamiento apoyados en inteligencia artificial han reabierto la discusión sobre aplicaciones más cercanas al terreno. Una eventual línea de investigación peruana podría explorar equipos móviles con georreferenciación, capaces de realizar mediciones controladas en zonas de exploración. También se ha planteado estudiar su integración en plataformas no tripuladas que operen a baja altura, aunque se trata de una posibilidad experimental y no de una solución disponible para uso masivo.
La viabilidad de esa tecnología dependería de pruebas rigurosas. Será necesario determinar qué elementos pueden identificarse con suficiente sensibilidad, a qué distancia puede operar un sistema, cómo afectan las condiciones geológicas a la medición y cuáles son los límites técnicos de los detectores. Además, cualquier uso de fuentes de neutrones fuera de un laboratorio requerirá protocolos estrictos de seguridad radiológica, autorización regulatoria, control operativo y evaluación de riesgos ambientales y laborales.
Cooperación, inversión y capacidad industrial
El país ya participa en mecanismos de cooperación con Estados Unidos y otros socios internacionales en materias vinculadas a minerales críticos, cadenas de suministro e inversión tecnológica. Asimismo, mantiene colaboración con el Organismo Internacional de Energía Atómica en aplicaciones nucleares para la minería. Estos vínculos pueden facilitar transferencia de conocimiento y acceso a redes de investigación, aunque su efecto dependerá de que el Perú defina proyectos propios, financiamiento sostenido y objetivos verificables.
Una alternativa planteada es crear un Programa Nacional de Tecnologías Avanzadas para Minerales Críticos que articule a INGEMMET, IPEN, universidades y empresas. La finalidad sería financiar pilotos, establecer muestras y firmas elementales de referencia, desarrollar sensores y algoritmos, y validar herramientas en campo. Para evitar que la iniciativa se reduzca a una nueva estructura administrativa, sus resultados tendrían que medirse en capacidades concretas: laboratorios habilitados, investigadores formados, datos geológicos utilizables, patentes, prototipos y proyectos industriales.
La nueva geopolítica de los minerales ofrece al Perú una ventana relevante, pero también expone una limitación histórica: la distancia entre la extracción de recursos y la generación de tecnología propia. Los acuerdos internacionales y la riqueza del subsuelo pueden crear condiciones favorables, pero no sustituyen la inversión en ciencia. La capacidad de conocer con precisión qué recursos existen, dónde están y cómo pueden aprovecharse determinará si el país participa como proveedor de materias primas o como actor con mayor influencia en las cadenas de valor.
