Perú compra menos veces, pero no renuncia al bienestar

Las familias peruanas enfrentan en 2026 un escenario de mayor presión sobre el presupuesto, pero mantienen ciertos consumos asociados al placer, el autocuidado y el bienestar familiar. El informe Consumer Insights 2026 Latam in reset, elaborado por Worldpanel by Numerator a partir de más de 10.000 entrevistas, identifica a Perú como uno de los pocos mercados latinoamericanos donde el consumo de productos de uso diario continúa creciendo en unidades, pese al encarecimiento de la vida.

El dato no implica que los hogares dispongan de mayor capacidad de compra. La principal transformación está en la manera de administrar el gasto: se reducen las visitas a los establecimientos, se concentran más productos en cada ocasión y se combinan canales y marcas según el precio y el beneficio esperado. La plata alcanza menos, pero las familias no eliminan por completo aquellas categorías que consideran importantes para su calidad de vida.

Menos visitas, compras más concentradas

La inflación interanual de Perú llegó al 2,8% en marzo de 2026, una de las tasas más bajas de América Latina. En ese contexto, el país, junto con Colombia y México, figura entre los mercados donde el consumo masivo aumenta tanto en volumen como en valor. Sin embargo, las ocasiones de compra disminuyeron 3,3%, una señal de que los consumidores están intentando reducir desplazamientos y compras pequeñas o impulsivas.

El comportamiento sugiere una reorganización del presupuesto más que una expansión general del consumo. Al visitar menos veces los puntos de venta, los hogares pueden planificar mejor, aprovechar promociones y abastecerse con mayores cantidades. Para las empresas, esto modifica la competencia: ya no basta con estar disponible en el canal tradicional, sino que resulta necesario captar al comprador en distintos momentos, incluidos los digitales y los de conveniencia.

El ahorro se concentra en lo básico

El estudio señala que los consumidores peruanos priorizan el valor mediante ofertas, promociones y marcas propias. Esa búsqueda de ahorro convive con la compra de snacks, vitaminas, artículos de cuidado personal y alimentos para mascotas, categorías que suelen relacionarse con gratificación, salud o protección de los integrantes del hogar.

La tendencia también aparece en el conjunto de América Latina. Según Worldpanel by Numerator, las marcas premium y las marcas propias concentran cerca del 85% del crecimiento regional en volumen. El resultado refleja dos decisiones aparentemente opuestas: gastar menos en productos esenciales cuando existen alternativas económicas y, al mismo tiempo, pagar más por artículos que ofrecen una ventaja percibida en bienestar, funcionalidad o disfrute.

El informe denomina a este patrón “efecto high-low”. El 45% del crecimiento en valor de las marcas blancas procede de categorías esenciales, mientras que el 39% del avance de las marcas premium corresponde a productos de cuidado personal y funcionales. La polarización no significa que todos los hogares estén consumiendo más; indica que distribuyen el dinero de manera más selectiva y justifican cada desembolso por su utilidad o su valor emocional.

Canales que ganan relevancia

El ajuste de hábitos se extiende a los lugares de compra. En la región, los establecimientos de descuento aumentaron 1,6 puntos de penetración, el comercio electrónico creció 15 puntos y las tiendas de conveniencia avanzaron 4,5 puntos. Estas últimas registran especial dinamismo en categorías como belleza y productos para mascotas, donde la rapidez y la cercanía pueden pesar tanto como el precio.

En Perú, la combinación de canales permite buscar ofertas para los productos básicos y, a la vez, acceder a bienes aspiracionales o de autocuidado. El comercio electrónico amplía la comparación de precios y la disponibilidad de marcas, mientras que las tiendas cercanas responden a necesidades inmediatas. Esta convivencia reduce la dependencia de un único formato, pero también obliga a las compañías a mantener una propuesta coherente en promociones, surtido y servicio.

“Los consumidores siguen gastando, pero cada vez son más selectivos sobre dónde hacerlo y qué beneficios esperan recibir a cambio”, afirmó Marcela Botana, directora de desarrollo de mercado para América Latina de Worldpanel by Numerator. A su juicio, el crecimiento ya no depende únicamente de la categoría, sino de la capacidad de las marcas para conectarse con necesidades concretas de las personas.

Proteínas, alimentos naturales y mascotas

Entre las prioridades emergentes en Perú aparecen los alimentos ricos en proteínas y las opciones percibidas como más naturales. La demanda combina la búsqueda de salud con la exigencia de conservar sabor y calidad, por lo que no se limita a productos estrictamente dietéticos. La misma lógica se observa en vitaminas, cuidado personal y alimentos para mascotas, rubros en los que el gasto se interpreta como una inversión en bienestar.

El cuidado de los animales domésticos ocupa un lugar particular dentro de esta ecuación. Aunque puede ser una categoría prescindible desde el punto de vista de la supervivencia, muchos hogares la consideran parte del bienestar familiar. Por eso, incluso en un escenario de restricciones, el ajuste puede producirse mediante promociones, tamaños de envase o cambios de marca, antes que mediante la eliminación completa del consumo.

Una región marcada por la desigualdad

Las diferencias entre países muestran que el “reset” del consumo no responde a una sola causa. Argentina enfrenta una inflación interanual de 32,6%, lo que impulsa a las familias a recortar compras y optar por alternativas más económicas, aunque algunos productos de gratificación, como el chocolate o el café, conservan espacio en el presupuesto. Brasil registra una inflación de 4,1% y presenta otro factor de impacto: el 76% de la población conoce los medicamentos GLP-1 para perder peso, cuyo uso está modificando ciertos hábitos y reduciendo el gasto en alimentos.

Colombia evidencia una brecha más marcada entre niveles de ingreso. Los hogares con mayores recursos aumentaron el gasto en autocuidado en más de 40%, mientras que los grupos con menos recursos lo redujeron hasta 14% y recortaron categorías no esenciales. La comparación ayuda a interpretar el caso peruano: una inflación moderada favorece la continuidad del consumo, pero no elimina las diferencias internas ni garantiza que todos los hogares puedan sostener las mismas prioridades.

El mercado peruano, por tanto, no se caracteriza simplemente por comprar más, sino por comprar de otra manera. La menor frecuencia, la concentración de productos, el uso de promociones y la defensa de pequeños gustos configuran un consumidor más calculador. Para las marcas, la oportunidad dependerá de demostrar valor en cada segmento; para los hogares, el desafío será preservar el bienestar sin comprometer el equilibrio de un presupuesto sometido a una presión que, aunque menor que en otros países de la región, sigue siendo tangible.

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