El Banco Central de Reserva del Perú decidió mantener la tasa de referencia en 4.25% por décimo mes consecutivo, una medida que refleja la cautela ante presiones inflacionarias originadas en choques de oferta. Esta pausa, iniciada en septiembre de 2025, coincide con una inflación interanual que alcanzó 4.0% en junio, ligeramente por encima del límite superior del rango meta de 1% a 3%.
La decisión se sustenta en datos concretos: la inflación mensual de junio fue 0.23% y la subyacente 0.08%, ambas compatibles con el objetivo anualizado. Las expectativas de inflación a doce meses bajaron a 2.8%, dentro del rango meta, mientras las proyecciones del propio banco apuntan a un retorno gradual hacia 2% una vez que se disipen los efectos de los choques actuales.

Continuidad institucional bajo nuevo gobierno
La confirmación de Julio Velarde al frente del organismo, acordada con la presidencia electa de Keiko Fujimori, añade un factor de estabilidad institucional. Velarde, reconocido por su manejo de la inflación en periodos anteriores, representa un punto de continuidad en un contexto de transición política. Esta permanencia reduce la percepción de riesgo institucional y permite que la política monetaria mantenga su rumbo técnico sin interferencias inmediatas.
Efectos sobre el costo del crédito y la inversión
El mantenimiento de la tasa de referencia sostiene los costos de endeudamiento para empresas y hogares. Sectores intensivos en capital, como construcción y manufactura, enfrentan condiciones de financiamiento estables que evitan un encarecimiento adicional. Sin embargo, la persistencia de la tasa elevada limita el margen para una reactivación más acelerada del consumo privado, especialmente en un entorno donde el precio de los combustibles sigue presionando los costos operativos.
Las expectativas empresariales, según la encuesta del propio Banco Central, mostraron una mejora significativa y se ubican en terreno optimista. Este dato sugiere que los agentes económicos valoran la previsibilidad de la política monetaria por encima de una eventual reducción de tasas que podría llegar demasiado pronto.
Perspectivas de consumidores y productores
Los hogares peruanos experimentan un costo de vida que subió 1.5% el año pasado y se proyecta en 3.8% para 2026 por factores exógenos. Para los productores agrícolas y pesqueros, el fenómeno de El Niño añade incertidumbre sobre rendimientos y precios. Mientras tanto, los importadores de insumos energéticos observan con atención cualquier señal de que el banco pueda endurecer aún más su postura si las tensiones en Oriente Medio elevan el precio del petróleo.
Riesgos de oferta y variables externas
Los principales riesgos identificados por el organismo son un El Niño más intenso y el aumento de tensiones geopolíticas. Ambos factores pueden prolongar la inflación por encima del rango meta durante más tiempo del anticipado. En ese escenario, la opción de mantener la tasa actual se convierte en una herramienta de contención que prioriza la anclaje de expectativas sobre un estímulo prematuro al crecimiento.
El propio banco revisó al alza su proyección de crecimiento del PBI para 2026, ubicándola en 3.4%. Esta revisión se basa en el repunte de la demanda interna y la inversión, lo que indica que la economía muestra resiliencia incluso con tasas de interés relativamente altas.
Escenarios para 2027 y el rol de la demanda interna
La proyección de inflación de 2.0% para 2027 depende de que los choques de oferta se disipen sin generar efectos de segunda ronda. Si la demanda interna continúa fortaleciéndose, el banco podría enfrentar la necesidad de evaluar recortes graduales solo cuando la inflación subyacente muestre una tendencia clara hacia el centro del rango meta. La combinación de estabilidad política en la conducción monetaria y crecimiento moderado del PBI configura un escenario de aterrizaje suave, siempre que los factores externos no se intensifiquen.
