El tipo de cambio que abrió el 3 de julio en 925,24 pesos por dólar no representa un dato aislado, sino el reflejo de un proceso de ajuste que combina factores internos de política económica y variables externas vinculadas al precio del cobre. La ligera baja diaria del 0,11 % se inscribe dentro de una trayectoria más amplia que, según proyecciones de consenso recogidas por Bloomberg, situaría el valor entre 820 y 880 pesos hacia finales de 2026.
El giro político hacia opciones de centroderecha ha modificado las expectativas de los inversionistas. La percepción de mayor predictibilidad regulatoria y la intención de avanzar en reformas pro-inversión han reducido la prima de riesgo país, permitiendo una apreciación gradual del peso. Esta dinámica no es automática: depende de que el programa de estabilización fiscal se concrete y de que el precio del cobre mantenga niveles superiores a los 4 dólares la libra.

El antecedente más cercano se encuentra en la respuesta fiscal de 2021. Los retiros de fondos de pensiones y los apoyos directos impulsaron un crecimiento del 11,7 %, uno de los más rápidos del mundo post-pandemia. Sin embargo, esa misma inyección de liquidez alimentó presiones inflacionarias que, combinadas con la depreciación del peso, elevaron la deuda pública al 37 % del PIB, el nivel más alto en tres décadas. El lento ritmo de recuperación del empleo y la persistencia de la inflación por encima de la meta del Banco Central evidencian que el crecimiento rápido no siempre se traduce en estabilidad duradera.
El rol estructural del cobre
Chile depende en gran medida de las exportaciones de cobre. Cuando el precio internacional se mantiene elevado, las divisas ingresan con fuerza y el peso tiende a apreciarse. Un ejemplo concreto ocurrió entre 2021 y 2022: la cotización del metal superó los 4,8 dólares la libra y el tipo de cambio cayó temporalmente por debajo de 800 pesos. La relación es bidireccional: una caída abrupta del cobre, como la registrada a inicios de 2023, presionó al alza el dólar y amplificó la volatilidad. Las proyecciones de 2026 asumen que el precio del cobre se mantendrá en un rango de entre 4,0 y 4,3 dólares, escenario que permitiría al peso situarse cerca de los 840 pesos al cierre del año.
Impactos en la inversión y el empleo
Una apreciación moderada del peso reduce el costo de importar maquinaria y tecnología, lo que favorece la modernización productiva. Empresas del sector manufacturero y de energías renovables han señalado que un tipo de cambio más bajo facilita la adquisición de equipos importados y mejora los márgenes de proyectos de largo plazo. No obstante, el mismo movimiento encarece las exportaciones no cobre, especialmente en sectores como la agroindustria y el vino. Los productores del valle de Casablanca ya han advertido que márgenes más estrechos podrían frenar nuevas plantaciones y afectar el empleo estacional en regiones como O’Higgins y Maule.
El efecto sobre el mercado laboral no es inmediato. La recuperación del empleo formal ha sido más lenta que el repunte del PIB, en parte porque las empresas priorizan la automatización cuando el financiamiento externo resulta más barato. Si el peso continúa apreciándose, la presión por mejorar productividad podría acelerar la adopción de tecnología, pero también podría desplazar mano de obra de baja calificación en sectores intensivos en trabajo.
Riesgos fiscales y deuda pública
La trayectoria descendente del dólar reduce el servicio de la deuda denominada en moneda extranjera, aliviando el presupuesto fiscal. Sin embargo, esta ventaja puede revertirse si la apreciación del peso reduce los ingresos fiscales provenientes de la minería. El royalty minero aprobado en 2023 establece tasas progresivas que dependen del precio del cobre; una caída simultánea del metal y del tipo de cambio podría generar un hueco fiscal que obligue a recortes de gasto o a nuevo endeudamiento. Los analistas de bancos de inversión estiman que el equilibrio fiscal requeriría mantener el tipo de cambio por encima de 830 pesos en promedio durante 2026-2027.
Efectos en la distribución del ingreso y la inflación
Una moneda más fuerte abarata los bienes importados, lo que beneficia principalmente a los hogares de mayores ingresos que consumen más productos durables y tecnología. Los sectores de menores recursos, cuyo consumo se concentra en alimentos y servicios locales, perciben menos esta ventaja. Al mismo tiempo, la menor inflación importada puede ayudar al Banco Central a alcanzar su meta del 3 % más rápido, liberando espacio para una política monetaria menos restrictiva. El riesgo radica en que una apreciación excesiva genere expectativas de deflación que retrasen decisiones de inversión privada.
Perspectivas de largo plazo
El escenario base de estabilidad política y avances en reformas estructurales permite proyectar un tipo de cambio entre 820 y 850 pesos si el cobre se mantiene alto. Este rango implicaría una apreciación acumulada cercana al 10 % respecto a los niveles promedio de 2024-2025. Tal evolución fortalecería la capacidad de Chile para financiar su transición energética y reducir la vulnerabilidad externa, siempre que se mantenga disciplina fiscal y se profundicen los acuerdos comerciales que diversifiquen la canasta exportadora. La volatilidad, sin embargo, seguirá presente: cualquier interrupción en el suministro global de cobre o un cambio abrupto en el ciclo político podría revertir parte de la apreciación observada.
En síntesis, la cotización del dólar no es solo un indicador financiero, sino un termómetro de la capacidad del país para equilibrar crecimiento, estabilidad macroeconómica y equidad social en los próximos años.
