La economía mexicana avanzó a un ritmo superior al de su principal socio comercial durante el segundo trimestre de 2026, según la primera revisión del Producto Interno Bruto (PIB) divulgada este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). El indicador creció 1.5 por ciento entre abril y junio respecto a los tres meses previos, cifra que superó el 1.4 por ciento anticipado por los analistas consultados por Bloomberg y que representa el mejor desempeño desde finales de 2020, cuando la expansión alcanzó 4.3 por ciento una vez descontados los efectos de inflación y estacionalidad.
En el mismo lapso, la economía de Estados Unidos apenas se expandió 0.4 por ciento, por debajo del 0.5 por ciento que esperaba el consenso del mercado. El Departamento de Comercio estadounidense precisó que las exportaciones netas restaron al crecimiento, mientras el consumo personal se mantuvo al alza gracias a la estabilidad del empleo y la inversión se concentró en gasto vinculado a inteligencia artificial.

El desglose del Inegi muestra que las actividades de servicios, que aportan cerca de dos terceras partes del PIB nacional y están ligadas al consumo interno, subieron 1.5 por ciento. La industria, responsable de alrededor de un tercio de la economía y más expuesta al comercio exterior, avanzó 1.6 por ciento. Las actividades agropecuarias, aunque representan solo cerca del 4 por ciento del total, se aceleraron 3.3 por ciento.
El impulso del Mundial y su peso en el trimestre
Un factor de peso en el resultado fue la Copa del Mundo de Futbol, inaugurada el 11 de junio. México fue sede de 13 partidos y la Secretaría de Turismo estimó una derrama económica total de 65 mil millones de pesos. El evento dinamizó turismo, hospedaje, restaurantes, transporte, comercio y algunas obras de infraestructura asociadas.
Carlos Hernández García, director de Análisis en Valdez Capital, señaló que el Mundial generó un empujón visible en varios ramos, aunque advirtió que falta observar cuánto de ese impulso se consolida una vez que se disipen los efectos temporales del torneo. Por su parte, Gabriela Siller, economista en jefe de Banco Base, calculó que cerca de dos terceras partes del crecimiento trimestral se explican por el Mundial. El gasto en construcción anticipado en abril y mayo impulsó las actividades secundarias, mientras el comercio al por menor y el consumo de servicios asociados al evento elevaron las terciarias.
Analistas de Banorte coincidieron en destacar la recuperación de la construcción y el empuje de los servicios por la justa deportiva. Agregaron que existe un efecto posterior en turismo, con viajes pospuestos hacia la segunda mitad del año y un posible reforzamiento de la marca país que podría atraer más visitantes extranjeros en los meses siguientes.
Brecha con Estados Unidos y recuperación del ingreso
El expresidente de la Consar, Carlos Ramírez, explicó que el rebote del PIB permitió acortar parcialmente la distancia entre ambas economías, aunque la diferencia sigue siendo amplia. En su lectura, México no ha logrado capitalizar del todo el buen desempeño estadounidense de periodos previos. Datos del Fondo Monetario Internacional ubican el PIB nominal de México en 1.8 billones de dólares en 2025, el segundo más grande de América Latina y el quinceavo a escala mundial. Estados Unidos alcanzó 30.8 billones de dólares, 17 veces el tamaño de la economía mexicana.
Ramírez subrayó otro dato relevante: el PIB per cápita del segundo trimestre finalmente superó el máximo registrado en los primeros meses de 2018. Tomó ocho años recuperar ese nivel. En términos prácticos, a cada mexicano le corresponderían 197 mil 368 pesos anuales si el valor de todos los bienes y servicios producidos se repartiera de manera igualitaria entre la población.
Factores estructurales más allá del evento deportivo
No todo el crecimiento se atribuye al Mundial. Hernández García sostuvo que el resultado también refleja mejoras en sectores exportadores estratégicos. La demanda externa se mantuvo firme, en particular en industrias vinculadas a la producción de insumos para infraestructura tecnológica e inteligencia artificial. Esa dinámica sugiere que parte del avance tiene un componente más estructural y menos coyuntural.
La lectura de los datos obliga a separar el efecto temporal del torneo de las tendencias de fondo. El consumo interno, medido a través de los servicios, mostró resiliencia. La industria, más expuesta a la demanda externa, también creció a un ritmo similar, lo que apunta a que el sector manufacturero y de construcción no dependió únicamente del gasto mundialista. El agro, aunque pequeño en peso relativo, aportó un crecimiento elevado que ayuda a diversificar las fuentes de expansión.
Los analistas advierten que el ritmo de lo que resta del año dependerá de varios factores: la consolidación o desvanecimiento del impulso turístico posterior al Mundial, la evolución de la demanda estadounidense —especialmente en bienes de capital y tecnología— y la estabilidad del mercado laboral mexicano. El contraste con el 0.4 por ciento de Estados Unidos es llamativo en el corto plazo, pero la diferencia de tamaño entre ambas economías implica que el cierre de brechas estructurales requiere avances sostenidos durante varios años, no solo un trimestre excepcional.
El Inegi presentará revisiones posteriores que podrían ajustar ligeramente la cifra de 1.5 por ciento. Por ahora, el dato confirma un segundo trimestre más dinámico de lo anticipado y coloca a México por encima de su principal socio comercial en velocidad de expansión, en un contexto donde el Mundial aportó un empujón medible pero no exclusivo del resultado.
