El precio del GNV, GLP, diésel y gasolina en Perú presentó este domingo 23 de agosto de 2026 una fuerte dispersión entre Lima y las regiones, en un contexto marcado por la volatilidad del crudo internacional, la carga impositiva y los costos logísticos. La referencia no es homogénea: el valor final depende del distrito, del tipo de combustible y del canal de comercialización, lo que confirma que el mercado peruano sigue funcionando con amplias diferencias de una estación a otra.
De acuerdo con la información difundida por la Asociación de Grifos y Estaciones de Servicio del Perú, en Lima y provincias la gasolina regular se ubicó en rangos que van de S/ 7 a S/ 12 por galón, mientras que el GLP y el GNV mantuvieron precios diferenciados según la ubicación y el tipo de establecimiento. Para los consumidores, la brecha ya no responde solo al producto elegido, sino también a la distancia, la competencia local y la estructura de costos de cada punto de venta.

El monitoreo más reciente mostró diferencias concretas dentro de la capital y en el interior del país. En San Juan de Lurigancho, el gasohol regular partía desde S/ 17,85; en Villa El Salvador se ofrecía desde S/ 17,89 y el gasohol premium alcanzaba S/ 18,99. En Los Olivos, el regular llegaba hasta S/ 18,19, mientras que en San Miguel el premium se vendía a S/ 19,99. En diésel, el Rímac registró S/ 22,94, Comas S/ 21,75 y Carabayllo S/ 20,99. Fuera de Lima, Cusco mostró gasohol regular entre S/ 19,99 y S/ 21,99; Ica lo ofreció desde S/ 18,89; Lambayeque reportó premium a S/ 20,48 y Tacna diésel a S/ 24,35.
Qué explica la brecha de precios
La explicación de fondo sigue siendo una combinación de variables externas e internas. El precio internacional del petróleo continúa siendo el principal determinante, porque cualquier ajuste en la cotización global se traslada con rapidez a los combustibles refinados. A ello se suman el Impuesto Selectivo al Consumo y el IGV, que amplifican el precio final que enfrenta el usuario. En un país con geografía compleja y centros de abastecimiento distantes, el transporte y la distribución añaden una capa adicional de costo que se vuelve más visible fuera de Lima.
Los márgenes comerciales también pesan. En estaciones ubicadas en zonas con menor competencia o mayores gastos operativos, el precio al consumidor tiende a subir sin que ello necesariamente responda a un cambio en el valor del combustible en origen. Esa dinámica ayuda a entender por qué dos distritos cercanos pueden mostrar diferencias relevantes y por qué la comparación previa al abastecimiento sigue siendo una práctica racional para hogares, transportistas y pequeñas empresas.
Subsidios y presión fiscal
Ante las alzas sostenidas, el Gobierno peruano anunció en agosto de 2026 subsidios temporales para combustibles dirigidos principalmente al transporte de carga y pasajeros. La medida busca amortiguar el impacto de los incrementos internacionales y evitar tensiones en sectores sensibles a la variación del diésel y la gasolina. Según el anuncio oficial, el alivio oscilaría entre 15% y 20% y tendría una vigencia inicial de tres meses.
El alcance de esta respuesta estatal es relevante, pero también limitado. Un subsidio de corta duración puede contener el golpe inmediato sobre tarifas, márgenes empresariales y costos familiares, aunque no modifica los factores estructurales que sostienen la volatilidad. Por eso, especialistas en finanzas públicas advierten que estas medidas solo ganan eficacia si se acompañan de una estrategia más amplia de eficiencia fiscal, transparencia regulatoria y mejora logística. Sin ese soporte, el alivio corre el riesgo de trasladarse a presión presupuestaria en los meses siguientes.
Facilito como herramienta de comparación
En ese escenario, la plataforma Facilito de Osinergmin se mantiene como la referencia más útil para consultar precios actualizados. Su función práctica es permitir búsquedas por ubicación, identificar estaciones cercanas y ordenar resultados según precio, distancia o tipo de combustible. También ofrece datos sobre GNV, GLP y servicios adicionales del establecimiento, lo que reduce el margen de decisión basado en información incompleta o desactualizada.
La utilidad de esa herramienta no está solo en el ahorro potencial inmediato. En un mercado fragmentado, donde la diferencia entre una estación y otra puede ser significativa, el acceso a información verificable mejora la capacidad de elección del consumidor y presiona a las empresas a competir con mayor claridad. En un sistema donde el precio final cambia por región, impuestos y logística, la transparencia deja de ser un complemento y pasa a ser una condición básica para comprar con criterio.
