El miércoles 8 de julio la Ciudad de México reportó precios promedio de 23.815 pesos por litro en gasolina Regular, 28.725 pesos en Premium y 26.992 pesos en Diésel según el último corte de PETROIntelligence. Estas cifras se ubican ligeramente por encima del promedio nacional en los dos tipos de gasolina y por debajo en el caso del Diésel, lo que refleja una dinámica particular dentro del mercado interno de combustibles.
Orígenes de la estructura actual de precios
La configuración de precios que hoy observa la capital tiene raíces en la reforma energética de 2013 y en la posterior liberalización gradual de los mercados minoristas. Antes de esa transformación, el precio se determinaba mediante una fórmula administrada por la Secretaría de Hacienda que incluía subsidios variables. Tras la apertura, las estaciones de servicio comenzaron a fijar tarifas según costos de importación, tipo de cambio y márgenes locales. En la práctica, la Ciudad de México concentra un alto volumen de importaciones de gasolina a través de las terminales de Tuxpan y Salina Cruz, lo que la expone más directamente a fluctuaciones del Brent y del peso frente al dólar.
La diferencia observada con Jalisco y Nuevo León, donde la Premium supera los 29 pesos, obedece también a la logística de distribución. Las refinerías de Cadereyta y Salina Cruz abastecen con mayor facilidad al norte y occidente del país, mientras que la capital depende en mayor proporción de producto importado que llega por ducto o carrotanque. Esta asimetría logística explica por qué la CDMX mantiene precios más bajos pese a registrar una de las mayores densidades vehiculares del territorio nacional.
Presión sobre el transporte y la cadena logística
El sector transporte de carga y el servicio de taxi concesionado absorben de inmediato cualquier variación en el costo del combustible. En la autopista México-Puebla, transportistas reportan que un incremento sostenido de 20 centavos por litro eleva en 1.8 por ciento el costo operativo de un tráiler de tres ejes. Esa cifra se traslada eventualmente a tarifas de flete y, con ello, al precio final de productos perecederos que llegan a la Central de Abasto. En el caso de las aplicaciones de movilidad, conductores de la zona metropolitana indican que el margen por viaje se reduce cuando el litro supera los 24 pesos, lo que los obliga a extender jornadas o a concentrarse en horarios de alta demanda.

La comparación con Nuevo León resulta ilustrativa: aunque Monterrey presenta precios más altos, su parque vehicular incluye una proporción mayor de vehículos pesados dedicados a la industria acerera y automotriz. Esa estructura productiva permite absorber el sobrecosto mediante contratos de largo plazo, algo que no ocurre con la misma facilidad en la capital, donde predominan unidades ligeras y el servicio de pasajeros.
Efectos en la inflación subyacente y el consumo
Los combustibles representan alrededor de 4.2 por ciento de la canasta del Índice Nacional de Precios al Consumidor. Un aumento de 30 centavos en la gasolina Regular se traduce, según estimaciones del Banco de México, en un efecto directo de 0.07 puntos porcentuales sobre la inflación general en un horizonte de seis meses. En la práctica, la CDMX ha registrado en los últimos trimestres una inflación de alimentos ligeramente superior al promedio nacional, en parte por la transmisión de costos logísticos. Los hogares de menores ingresos destinan hasta 8 por ciento de su gasto mensual a transporte, de modo que variaciones persistentes en el precio del combustible reducen el poder adquisitivo y limitan el consumo en otros rubros.
Respuestas de política y transición energética
El gobierno federal ha mantenido el estímulo fiscal al IEPS cuando el precio internacional supera ciertos umbrales. Este mecanismo, activado en 2022 y prorrogado en distintas ocasiones, ha evitado picos superiores a los 25 pesos en la Regular a nivel nacional. Sin embargo, el margen fiscal que deja ese subsidio reduce los recursos disponibles para inversión en infraestructura de carga eléctrica. En la Ciudad de México, el programa de renovación de transporte público concesionado contempla la incorporación de unidades eléctricas, pero el ritmo de reemplazo depende de la disponibilidad de fondos estatales que, a su vez, se ven presionados cuando los precios de los combustibles se mantienen elevados.
La experiencia de la Ciudad de México también ilustra cómo la distribución geográfica de estaciones de servicio influye en la competencia. Zonas como Iztapalapa y Gustavo A. Madero concentran mayor número de expendios de bajo margen que operan cerca del precio promedio reportado por PETROIntelligence. En cambio, delegaciones como Miguel Hidalgo y Cuajimalpa presentan precios sistemáticamente superiores debido a menores densidades de estaciones y mayor poder de mercado de algunas cadenas. Esta heterogeneidad interna sugiere que políticas de fomento a nuevas estaciones o de transparencia de precios podrían moderar las diferencias observadas dentro de la misma entidad.
Perspectivas de mediano plazo
La trayectoria futura de los precios en la capital dependerá de tres factores principales: la evolución del tipo de cambio, el grado de utilización de la refinería de Dos Bocas y la penetración de vehículos eléctricos en el parque vehicular. Si la moneda mexicana se mantiene por debajo de 18 pesos por dólar y la nueva refinería alcanza niveles de producción cercanos a su capacidad instalada, la presión alcista podría moderarse. Al mismo tiempo, la entrada en operación de corredores de autobuses eléctricos en la avenida Insurgentes y el eje Central reduce gradualmente la demanda de Diésel en el transporte masivo. Esa sustitución, aunque lenta, genera un efecto de demanda estructural que podría limitar el crecimiento del consumo de combustibles fósiles en la próxima década.
El monitoreo constante de PETROIntelligence permite identificar con anticipación desviaciones locales que, de persistir, podrían requerir intervenciones regulatorias focalizadas. Hasta ahora, la Ciudad de México conserva una posición relativamente favorable frente a otras entidades de alta actividad económica, pero esa ventaja no está garantizada si las cadenas de suministro globales enfrentan nuevas interrupciones o si el peso registra depreciaciones adicionales.
