Pussetto: Sin evidencia del derrame económico

La entrevista con Lucas Pussetto revela una economía argentina que ha logrado estabilidad macrofinanciera tras dos años y medio de gestión, pero enfrenta el desafío de trasladar esos logros a la actividad productiva real. El economista del IAE destaca el superávit fiscal, la acumulación de reservas y la desaceleración inflacionaria como fortalezas, al tiempo que señala la persistente contracción en la industria manufacturera y el comercio interno como debilidades estructurales.

La estabilidad sin tracción en el empleo y el consumo

Pussetto subraya que los indicadores nominales mejoraron de forma notable, con inflación en torno al 30 por ciento proyectada para este año y superávit en las cuentas externas. Sin embargo, el consumo acumula trimestres de crecimiento moderado y las ventas minoristas continúan en retroceso. Esta brecha se explica por la falta de dinamismo en el crédito y las tasas de interés aún elevadas, que limitan el acceso de hogares y empresas a financiamiento productivo. Desde la perspectiva de los sectores vinculados al mercado interno, la recuperación se percibe lejana porque la demanda efectiva no repunta al ritmo de las variables financieras.

Reforma del Banco Central y sus límites para atraer inversión

La modificación de la Carta Orgánica del BCRA busca impedir la emisión monetaria para financiar al Tesoro. Este cambio institucional representa un punto de inflexión histórico en Argentina, donde la monetización del déficit ha sido recurrente. No obstante, Pussetto advierte que la estabilidad por sí sola no genera un boom de inversión en el corto plazo. En experiencias comparables de otros países que aplicaron reformas similares, la formación de capital productivo tardó varios trimestres en reactivarse, una vez que los agentes económicos internalizaron la credibilidad del nuevo régimen.

Los datos de cuentas nacionales confirman que la inversión cayó 11 por ciento interanual en el primer trimestre, acumulando cuatro trimestres consecutivos de contracción. Esta realidad choca con los anuncios de proyectos energéticos y mineros que avanzan, pero no se replican en la manufactura ni en los servicios orientados al consumo doméstico.

Capacidad ociosa y reconversión productiva: una lectura distinta

La utilización de la capacidad instalada industrial por debajo del 60 por ciento suele interpretarse como un freno a nuevas inversiones. Pussetto ofrece una perspectiva alternativa: ese indicador puede elevarse rápidamente en un escenario de crecimiento sostenido, como ocurrió en el pasado cuando la industria alcanzó picos históricos. El verdadero desafío radica en la reconversión de la estructura productiva, donde sectores como el agro, la energía y la minería ganan peso relativo mientras la manufactura tradicional pierde participación. Esta transición no implica necesariamente una reducción absoluta de la producción en todos los rubros, sino un reordenamiento de la composición del PBI impulsado tanto por la política económica como por la dotación de recursos naturales del país.

El dólar como preocupación histórica más que coyuntural

A pesar del superávit comercial récord y la acumulación de reservas por encima de 13 mil millones de dólares, el tipo de cambio sigue generando inquietud. Pussetto atribuye esta persistencia a la memoria de depreciaciones recurrentes y a la incertidumbre sobre el esquema de bandas cambiarias una vez que se eliminen los controles restantes. El aumento del 10 por ciento registrado entre abril y julio no se trasladó a precios, lo que sugiere una posible ruptura del mecanismo de pass-through. Aun así, las empresas continúan incorporando en sus planes el riesgo electoral de 2027, que pesa más que la eventual salida total del cepo para definir horizontes de inversión.

Riesgos de una recuperación desequilibrada

El escenario de tres años consecutivos de crecimiento, algo inédito desde 2008, depende de que el salario real y el crédito comiencen a traccionar el consumo. Si la política económica no incorpora incentivos específicos para los sectores rezagados una vez alcanzada la estabilidad, el proceso de derrame podría no materializarse. La historia de Uruguay y Colombia muestra que reducir la inflación desde niveles altos a un dígito requiere entre cinco y diez años de consistencia, sin atajos como tipo de cambio fijo. El contexto internacional puede aportar viento de cola a través de precios favorables de commodities, pero cualquier deterioro en la demanda global o en los términos de intercambio podría amplificar las tensiones internas entre sectores ganadores y perdedores de la transición.

La confianza de los consumidores se mantiene en niveles aceptables, según encuestas recientes, aunque con leves caídas en los últimos meses. Las calificadoras de riesgo han premiado el ajuste fiscal y la acumulación de reservas, mientras que los datos de actividad real muestran una divergencia sectorial pronunciada. Esta asimetría plantea la pregunta de si los mercados financieros están anticipando correctamente los riesgos de una recuperación incompleta o si subestiman las fricciones que la industria y el comercio interno aún enfrentan para integrarse al nuevo ciclo.

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