Las familias mexicanas receptoras de remesas recibieron en julio el mayor envío promedio mensual desde que el Banco de México comenzó sus registros en 1980, pero ese avance en dólares no se tradujo en una mejora equivalente de su poder de compra dentro del país. La combinación de inflación y apreciación del peso redujo el valor real de esos recursos, un fenómeno que limita su capacidad para sostener el consumo básico en las regiones más dependientes de los ingresos enviados desde Estados Unidos.
El monto promedio por hogar fue de 426 dólares durante julio. Convertido a moneda nacional, representó alrededor de 7 mil 438 pesos mensuales. Al descontar la inflación, la cifra fue 6.6% menor que la observada un año antes, cuando el ingreso promedio equivalía a 7 mil 960 pesos de julio de 2025. La comparación muestra que el aumento nominal de los envíos no basta, por sí solo, para medir el bienestar que generan en los hogares receptores.

El tipo de cambio reduce los pesos recibidos
La principal presión provino del tipo de cambio. De acuerdo con los datos citados por analistas, el peso se apreció 6.6% en un año, mientras que la inflación acumulada fue de 3.1%. Cuando una moneda nacional gana valor frente al dólar, cada dólar remitido se convierte en menos pesos. Para las familias que presupuestan renta, alimentos, transporte, medicinas y educación en pesos, ese efecto puede ser más inmediato que el crecimiento registrado en los flujos medidos en divisas.
Juan José Li Ng, economista senior para México de BBVA Research, señaló que la contracción del poder adquisitivo se explica parcialmente por la inflación, aunque atribuyó el factor principal a la apreciación cambiaria. Su lectura coincide con la diferencia entre el récord en dólares y la caída real en moneda nacional: la fortaleza del peso reduce la cantidad cobrada por cada envío, aun cuando el familiar migrante mantenga o incremente su transferencia en Estados Unidos.
La pérdida de capacidad de compra se observa con claridad frente al costo de la canasta alimentaria. En julio, una canasta para tres personas residentes en zonas urbanas tuvo un precio mensual de 7 mil 637 pesos, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. El ingreso promedio por remesas, de 7 mil 438 pesos, quedó por debajo de ese umbral. En julio de 2025, en cambio, el monto promedio alcanzaba para cubrir una canasta equivalente, estimada entonces en 7 mil 360 pesos.
Mayor flujo, menor alivio real
México captó 5 mil 571 millones de dólares por remesas durante julio, con lo que superó por tercer mes consecutivo la barrera de 5 mil millones de dólares. El dato confirma que los envíos conservan un peso relevante dentro de las entradas de divisas privadas y que siguen siendo una fuente decisiva de ingreso para miles de localidades. Sin embargo, al expresarlo en pesos y descontar la inflación, el flujo registró una disminución anual de 6.7%.
Banorte atribuyó parte del aumento del envío promedio al mejor panorama del mercado laboral para los migrantes mexicanos en Estados Unidos y a la decisión de mandar recursos adicionales para compensar la pérdida de poder adquisitivo en México. Li Ng también destacó una recuperación en julio de la población hispana ocupada en Estados Unidos, grupo del que forma parte una porción importante de los trabajadores mexicanos. Esa mejora laboral ayuda a explicar la resiliencia del flujo, aunque no elimina el impacto de los precios y del tipo de cambio sobre sus destinatarios.
Analistas de Valmex Casa de Bolsa consideraron que las remesas continúan siendo un soporte fundamental para el consumo de los hogares receptores y para el excedente de divisas del sector privado. Su proyección es que los recursos enviados desde el exterior se mantengan en niveles elevados, con un crecimiento moderado. No obstante, advirtieron que los avances nominales enfrentan el desafío de convertirse en una recuperación efectiva del poder adquisitivo.
El resultado final dependerá de tres variables: la trayectoria de la inflación mexicana, el comportamiento del peso frente al dólar y las condiciones de empleo en Estados Unidos. Si los precios continúan aumentando o el peso mantiene una apreciación considerable, los hogares podrían recibir cifras elevadas en dólares sin recuperar la capacidad de financiar bienes esenciales. En sentido contrario, una depreciación del peso incrementaría el valor convertido de las remesas, aunque también podría elevar costos internos mediante otros canales económicos.
Riesgo regulatorio en Estados Unidos
A la presión económica se añade un frente regulatorio en Estados Unidos. El 17 de agosto venció el plazo para que el Departamento del Tesoro propusiera, junto con reguladores federales, cambios a los reglamentos de la Ley del Secreto Bancario orientados a reforzar la debida diligencia basada en riesgo. Entre los asuntos bajo discusión se encuentra la posibilidad de recabar información sobre estatus migratorio y autorización de trabajo de los usuarios financieros.
Por ahora, los bancos operan bajo recomendaciones y avisos, y no están obligados a preguntar el estatus migratorio de las personas que abrieron una cuenta. Diane Thompson, subdirectora del National Consumer Law Center, advirtió que requisitos de ese tipo podrían desalentar el uso del sistema bancario formal y empujar a algunas personas hacia mecanismos menos seguros para guardar o transferir dinero.
El siguiente punto relevante será el 15 de noviembre, cuando el Tesoro y los reguladores deberán considerar ajustes a los requisitos aplicables a identificaciones consulares extranjeras. Banorte considera que esa revisión puede tener mayor capacidad de afectar los flujos, debido a que la matrícula consular permite a una parte importante de la población remitente acceder a servicios financieros formales. Los analistas señalan que el retraso de agosto no elimina el riesgo regulatorio y que cualquier cambio podría alterar los canales de envío, aun si los ingresos de los migrantes se mantienen estables.
