La economía argentina entra en una nueva etapa en la que la baja de la inflación, por sí sola, ya no alcanza para sostener la mejora política del Gobierno. En su paso por el país, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, pidió paciencia para evaluar los resultados del programa económico, pero las encuestas muestran un humor social más impaciente, con mayor preocupación por el empleo y los salarios. En ese contexto, el equipo económico empieza a perfilar tres ejes para apuntalar la actividad: remonetización, recuperación del crédito y profundización de la desinflación.
La señal más visible de ese desgaste llegó en los sondeos. Atlas Intel registró en julio una caída de la aprobación presidencial de 40 a 37 por ciento, mientras que el índice de confianza en el Gobierno retrocedió a 38 puntos. En el encuentro organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa, el politólogo Sergio Berensztein advirtió que con esos números Javier Milei no llegaría al 40 por ciento en una elección presidencial y quedaría obligado a competir en un eventual balotaje. Aunque todavía falta más de un año para los comicios, el mensaje que dejan las mediciones es consistente: el alivio inflacionario dejó de ser suficiente para compensar la falta de recuperación en los sectores que más empleo generan.

Dos velocidades en la actividad
El diagnóstico oficial sigue apoyándose en una economía de dos caras. Del lado favorable aparecen el récord de exportaciones, la acumulación de reservas y una inflación que continúa en descenso, con estabilidad cambiaria como respaldo. Del lado más débil persisten industria, comercio y construcción, sectores que todavía no muestran una recuperación clara después de dos años de caída y que explican la continuidad de la pérdida de empleo formal y el estancamiento del consumo.
El ministro Luis Caputo intentó llevar calma en el mismo evento. Dijo que el Gobierno no prometió resolver todo en dos años y medio, después de un siglo de desequilibrios, y remarcó que el mercado sabe que viene un año electoral, por lo que el Ejecutivo trabaja para evitar sobresaltos. La lectura oficial es que no hubo todavía un shock externo o interno capaz de alterar el programa, mientras el Banco Central sigue sumando reservas y mantiene instrumentos para contener presiones cambiarias. La semana pasada, las reservas brutas rozaron los USD 50.000 millones.
El giro monetario que evalúa el Banco Central
El primer pilar que aparece con más nitidez es la remonetización. En la presentación del Informe de Política Monetaria, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, sostuvo que hay condiciones para avanzar porque el público y las empresas demandan más saldos en pesos. El diagnóstico oficial es que la demanda de dinero tenderá a subir a medida que se expanda el crédito y se consolide la recuperación.
Eso implicaría una relajación gradual de una política que hasta ahora fue muy restrictiva, en especial para evitar sobresaltos en el tipo de cambio. La fase anterior del programa ya había combinado compra de reservas con emisión sin esterilización, pero ese movimiento quedó incompleto: el Central sí compró cerca de USD 13.000 millones en siete meses, aunque mantuvo el freno monetario. El nuevo enfoque buscaría dejar algo más de liquidez en circulación para acompañar la actividad.
Crédito: la señal más sensible para empresas y hogares
El segundo sostén es la recuperación del crédito. Fue uno de los motores de la mejora que empezó a verse desde mediados de 2024, pero la suba de la morosidad llevó a bancos y fintech a moderar la oferta. Ese freno comenzó a revertirse. Según el inversor Leo Chialva, las entidades usaron el primer trimestre para recalibrar sus carteras y ya volvieron a prestar, con una economía que debería dejar atrás los meses de enfriamiento.
La mejora, por ahora, se observa sobre todo en el financiamiento a empresas. Los préstamos a personas físicas siguen rezagados, algo relevante porque son los que más rápido impactan en consumo, bienes durables y gasto cotidiano. La combinación de más depósitos en pesos y tasas más bajas podría ayudar a consolidar esta fase, aunque el proceso todavía es incipiente y depende de que la mora no vuelva a tensionar el sistema.
Inflación más baja, salarios reales y tarifas
El tercer eje es la desinflación. Julio podría repetir el dato de junio o incluso mostrar una leve suba, en un rango de entre 1,9 y 2,1 por ciento, pero el Relevamiento de Expectativas de Mercado anticipa una consolidación del descenso en los meses siguientes. Entre agosto y diciembre, las proyecciones ubican la inflación mensual en una franja de 1,8 a 1,6 por ciento.
La apuesta oficial es que ese proceso dé aire a los salarios en términos reales. Hasta ahora, ese efecto fue limitado por el fuerte aumento de las tarifas de servicios públicos, que absorbió una porción creciente del ingreso disponible. Aunque los salarios lograron empatar o acercarse a la inflación acumulada, la carga de luz, gas y otros servicios deterioró el poder de compra efectivo. El Gobierno espera ajustes tarifarios más moderados en los próximos meses, lo que podría mejorar lentamente el ingreso disponible y, con él, el consumo.
Tiempo político y riesgo país
La apuesta final del Gobierno es que los sectores ganadores del nuevo esquema terminen arrastrando a los rezagados. El propio informe monetario del Banco Central cita la experiencia de Neuquén y Vaca Muerta para sostener que el crecimiento de agro, petróleo, gas y minería puede reactivar empleo formal en industria, construcción y comercio. Pero ese derrame, admite el oficialismo, requiere tiempo.
Mientras tanto, el riesgo país volvió a subir hasta los 450 puntos básicos, aun con un mejor clima internacional. Para los inversores, el problema ya no es solo macroeconómico: también pesa la incertidumbre sobre el proceso electoral y la capacidad del Gobierno de sostener respaldo social mientras intenta ordenar precios, recomponer crédito y dinamizar la actividad. La economía muestra señales de estabilización, pero aún no las de una recuperación que alcance para cerrar la brecha entre los indicadores financieros y el malestar cotidiano.
