La confianza que muestran los directores generales en México frente a la volatilidad internacional representa una señal relevante para la economía, pero no equivale a una garantía de estabilidad. El EY-Parthenon CEO Outlook Survey describe a un empresariado que intenta pasar de la reacción inmediata a una gestión más estratégica: prioriza el mercado nacional, conserva el interés en Norteamérica, aumenta o mantiene sus presupuestos para inteligencia artificial y busca proteger la productividad frente a los cambios geopolíticos y tecnológicos.
El contraste con el entorno global es significativo. Mientras el optimismo pleno de los ejecutivos encuestados internacionalmente cayó de 42% a 22%, debido principalmente a las tensiones geopolíticas y a las interrupciones en las cadenas de suministro, la confianza en México se mantiene relativamente estable. Esa diferencia puede favorecer nuevas inversiones, acelerar la instalación de proveedores y reforzar la posición del país como plataforma manufacturera y logística. Sin embargo, también puede generar una percepción excesivamente optimista si no se consideran las limitaciones de infraestructura, seguridad, energía, talento y certidumbre regulatoria que todavía condicionan la capacidad de crecimiento.
Una ventaja regional con fundamentos concretos
La principal fortaleza identificada por los directivos mexicanos es la integración productiva de Canadá, Estados Unidos y México. El T-MEC, incluso en periodos de revisión o negociación, ha creado una red de comercio, manufactura y servicios que difícilmente puede sustituirse de manera rápida. La cercanía geográfica con Estados Unidos, la experiencia industrial acumulada y el acceso preferencial a distintos mercados otorgan a México ventajas frente a destinos más lejanos, especialmente en sectores como automóviles, autopartes, dispositivos médicos, electrónica y determinados bienes de consumo.
Este entorno puede intensificar el nearshoring. Las empresas que busquen reducir su exposición a Asia o acortar sus cadenas logísticas podrían ampliar operaciones en estados del norte, el Bajío y algunas zonas del centro del país. El efecto positivo no se limitaría a las grandes plantas. Una mayor llegada de capital puede beneficiar a proveedores locales, empresas de transporte, parques industriales, servicios financieros y centros de capacitación. Si se acompaña de transferencia tecnológica, el proceso también podría elevar la productividad de compañías mexicanas que hasta ahora participan poco en las cadenas globales.
La preferencia por México como destino prioritario para los próximos doce meses, seguida por Canadá y Estados Unidos, confirma que el bloque norteamericano es considerado el núcleo comercial más previsible para muchos ejecutivos. La presencia de India y España entre los mercados observados añade una dimensión de diversificación que podría ser útil. No obstante, diversificar no significa simplemente abrir contactos comerciales: exige conocer normas, costos logísticos, riesgos cambiarios, estándares laborales y mecanismos de resolución de controversias en cada país.

El optimismo puede tropezar con la capacidad instalada
La llegada de inversiones no se traduce automáticamente en desarrollo equilibrado. Una expansión industrial rápida puede presionar la disponibilidad de electricidad, agua, vivienda y transporte en las regiones receptoras. En algunos corredores manufactureros, la falta de terrenos con servicios suficientes o las restricciones de la red eléctrica ya representan un obstáculo para nuevos proyectos. Si la oferta pública y privada no crece al mismo ritmo, el nearshoring podría elevar los costos de operación y reducir la ventaja competitiva que originalmente atrajo al capital.
También existe un riesgo de concentración. Si las inversiones se dirigen principalmente a estados con mejores parques industriales y mayor proximidad a Estados Unidos, las entidades del sur y las pequeñas empresas podrían quedar fuera de los beneficios. La creación de empleos puede ser importante, pero su impacto dependerá de la calidad salarial, la estabilidad contractual y la capacidad de los trabajadores locales para cubrir perfiles técnicos. Sin políticas de capacitación y vinculación empresarial, una parte de los puestos especializados podría terminar ocupada por personal trasladado desde otras regiones, limitando el efecto multiplicador sobre las comunidades.
La confianza empresarial, además, puede cambiar con rapidez ante decisiones comerciales de Washington, modificaciones arancelarias o una interpretación más estricta de las reglas de origen del T-MEC. Una empresa que instala capacidad productiva pensando en el acceso preferencial a Estados Unidos enfrenta un riesgo considerable si aumentan las exigencias de contenido regional o si surgen disputas sectoriales. Por ello, la estabilidad que perciben los CEO debe entenderse como una expectativa condicionada, no como una eliminación de la incertidumbre.
La inteligencia artificial deja la etapa experimental
El dato de que 60% de las compañías aumentó su presupuesto previsto para inteligencia artificial y que el 40% restante lo mantuvo sin recortes revela una decisión empresarial clara: la IA ya no se considera una moda pasajera. Los consejos directivos esperan resultados verificables en productividad, ventas, atención al cliente, gestión de inventarios, mantenimiento predictivo y análisis financiero. Este cambio puede acelerar la modernización de empresas mexicanas y permitir que algunas organizaciones de tamaño mediano accedan a capacidades analíticas que antes estaban reservadas para grandes corporaciones.
El beneficio potencial es especialmente relevante en un país donde muchas compañías enfrentan procesos administrativos fragmentados y una baja digitalización. Una herramienta de IA puede reducir tiempos de respuesta, detectar anomalías en operaciones o apoyar a un equipo pequeño en tareas repetitivas. Utilizada de forma adecuada, no necesariamente sustituye puestos completos; puede liberar tiempo para funciones de supervisión, creatividad, ventas y relación con clientes. La productividad, sin embargo, no depende solo de comprar software. Requiere datos confiables, procesos ordenados, capacitación y una definición precisa de los problemas que se desea resolver.
La presión por demostrar retorno sobre la inversión también puede tener un efecto saludable. Obliga a las empresas a distinguir entre proyectos con impacto operativo y aplicaciones adoptadas únicamente por prestigio. Los comités directivos tendrán que medir costos de integración, calidad de los resultados, tiempo de implementación y posibles efectos sobre el personal. Esa disciplina puede evitar gastos innecesarios y reducir el riesgo de que la IA se convierta en una colección de pilotos inconexos.
Más tecnología, más superficies de ataque
La expansión de la IA modifica el mapa de riesgos. El 32% de los encuestados identifica la disrupción tecnológica y los riesgos asociados con esta herramienta como una preocupación principal; el 30% señala las fricciones comerciales y en las cadenas de suministro, mientras que el 20% menciona la ciberseguridad y la privacidad de los datos. Estas categorías no están separadas. Una interrupción informática puede detener una planta, afectar inventarios y provocar incumplimientos contractuales tan graves como una demora en el transporte internacional.
La adopción acelerada puede abrir brechas difíciles de detectar. Los sistemas de IA entrenados con información sensible podrían exponer datos de clientes, secretos industriales o estrategias comerciales. También pueden producir respuestas erróneas, discriminatorias o imposibles de auditar si se utilizan sin controles. En sectores regulados, una decisión automatizada mal documentada puede derivar en sanciones, litigios y daño reputacional. El problema aumenta cuando las empresas dependen de proveedores externos y desconocen dónde se almacenan los datos o quién tiene acceso a ellos.
Existe asimismo una amenaza laboral y organizacional. La automatización de ciertas tareas puede elevar la eficiencia, pero también desplazar funciones administrativas y presionar a los trabajadores para adaptarse con rapidez. Si la capacitación se concentra solo en directivos o especialistas, la brecha interna puede ampliarse. La resistencia del personal no siempre refleja rechazo a la innovación; en muchos casos responde a la falta de información, a la incertidumbre sobre los puestos y a experiencias previas de digitalizaciones mal implementadas.
La seguridad será una condición de crecimiento
Para que la confianza empresarial se traduzca en inversión sostenible, la seguridad digital debe dejar de ser responsabilidad exclusiva del área de tecnologías de la información. Los consejos de administración necesitan conocer los riesgos de sus proveedores, establecer protocolos de respuesta y realizar ejercicios periódicos de recuperación. La protección de datos debe integrarse en el diseño de los productos y no añadirse después de un incidente. También resulta indispensable controlar los accesos, actualizar sistemas heredados y verificar la identidad de quienes interactúan con plataformas automatizadas.
La preparación debe extenderse a las pequeñas y medianas empresas. Una cadena de suministro puede quedar expuesta por el eslabón con menor capacidad de protección, y muchas compañías proveedoras carecen de presupuesto para contratar equipos especializados. Las grandes corporaciones que buscan seguridad en sus operaciones tendrán que apoyar a sus socios con estándares claros, capacitación y mecanismos de evaluación razonables. De lo contrario, las exigencias de cumplimiento podrían expulsar a proveedores nacionales en lugar de fortalecerlos.
Una oportunidad que exige mayor coordinación
El escenario ofrece a México una posibilidad concreta de consolidar su papel en Norteamérica, elevar la sofisticación de sus exportaciones y atraer capital orientado a sectores estratégicos. Pero el resultado dependerá de decisiones que van más allá del optimismo de los ejecutivos. La inversión necesita certeza jurídica, energía suficiente, infraestructura logística, formación técnica y reglas claras para el uso de datos y sistemas de IA. También requiere coordinación entre gobiernos, universidades y empresas para que la modernización no se limite a importar tecnología sin desarrollar capacidades propias.
Los próximos meses permitirán comprobar si la resiliencia empresarial descrita por la encuesta es estructural o responde a una ventana temporal favorable. Las compañías que combinen diversificación comercial, disciplina financiera, inversión en talento y controles tecnológicos estarán mejor preparadas para enfrentar cambios repentinos. Aquellas que confundan confianza con ausencia de riesgos podrían descubrir que una interrupción regulatoria, energética o digital basta para deteriorar rápidamente sus proyecciones. La ventaja de México existe, pero conservarla exigirá convertir la estrategia en capacidad operativa y la innovación en resultados verificables.
