La Laguna del Náinari en Ciudad Obregón recibe cada año entre dos y tres jornadas de extracción del pez diablo, una especie invasora que ya representa el 40 % de los ejemplares que habitan el embalse. Para quien vive cerca, pesca en sus aguas o simplemente la visita los fines de semana, estas acciones tienen consecuencias directas en la calidad del agua, la disponibilidad de peces comestibles y el costo de mantener el lugar en condiciones aceptables.
El monitoreo que realiza Desarrollo Rural Municipal detecta cuándo baja el oxígeno y entonces se programa la extracción. Ese mismo dato sirve de alerta para los usuarios habituales: cuando el agua pierde oxígeno, también aumenta el riesgo de mortandad de peces y de olores desagradables que afectan a quienes caminan o corren por sus alrededores.

Calidad del agua y uso recreativo
Para las familias que llevan a los niños a pasear o a practicar deportes junto a la laguna, la reducción del pez diablo ayuda a mantener niveles de oxígeno más estables. Menos biomasa invasora significa menos descomposición y, por tanto, menos días en que el olor obliga a cambiar de ruta. Quienes entrenan en la zona ya notan que después de cada jornada de extracción el ambiente se mantiene más limpio durante varias semanas.
Pesca y economía local
Los pescadores artesanales que dependen de la laguna ven cómo la extracción repetida protege las especies nativas que tienen mayor valor comercial. Aunque no se elimina por completo al invasor, retirar entre mil y mil quinientos ejemplares cada vez reduce la competencia por alimento y espacio. Esto se traduce en capturas más predecibles y en la posibilidad de sostener un pequeño ingreso familiar sin tener que desplazarse a otros cuerpos de agua más lejanos.
Responsabilidad individual
La introducción del pez diablo se atribuye a liberaciones de acuarios particulares alrededor de 2019. Quienes mantienen peces ornamentales en casa deben saber que soltarlos en la laguna genera un problema que después todos pagan con impuestos municipales destinados a las extracciones. La medida más efectiva sigue siendo no repetir esa práctica y, si se desea deshacerse de ejemplares, entregarlos a centros de acopio autorizados.
Acciones que puedes tomar ahora
Si visitas la laguna con frecuencia, reportar cualquier mortandad visible o cambios bruscos en el color del agua ayuda a que las autoridades actúen antes de que la situación se agrave. Participar en las jornadas de limpieza organizadas por el municipio también reduce la carga de trabajo y mantiene los costos controlados. Finalmente, difundir entre vecinos que la especie no debe liberarse en espacios públicos contribuye a frenar su expansión sin necesidad de intervenciones más costosas.
El esfuerzo que se realiza dos o tres veces al año no devuelve la laguna a su estado original, pero sí mantiene un equilibrio que permite seguir usándola para recreación, pesca y como espacio verde de la ciudad. Cada persona que entiende estas dinámicas puede tomar decisiones que, sumadas, disminuyen la necesidad de futuras extracciones y protegen el recurso que todos comparten.
