Riesgos de la informalidad económica en México

El reciente informe del ITESO revela que la economía informal aportó ocho de cada diez pesos del crecimiento registrado en 2025, pese a representar apenas una cuarta parte del Valor Agregado Bruto total. Este dato obliga a examinar no solo el presente inmediato, sino las trayectorias que podría seguir el país en los próximos años si la tendencia persiste. La informalidad ya no se limita a puestos callejeros; incluye freelancers especializados y microempresas que operan sin registro fiscal ni prestaciones laborales.

Una primera dimensión a considerar es la sostenibilidad de las finanzas públicas. Al quedar fuera del radar del SAT, estos flujos productivos no generan IVA, ISR ni contribuciones al IMSS. La recaudación tributaria, que ya enfrenta presiones por la desaceleración de la inversión, podría experimentar una erosión estructural si el sector informal continúa expandiéndose a tasas superiores al 2 por ciento anual. Gobiernos estatales y municipales, dependientes de participaciones federales, verían reducida su capacidad para financiar infraestructura y servicios básicos en regiones donde la informalidad ya concentra más del 20 por ciento del valor agregado, como el Estado de México y la Ciudad de México.

Efectos sobre el mercado laboral y la productividad

El crecimiento de micronegocios y actividades freelance sin contrato formal genera empleo inmediato, pero también consolida condiciones de precariedad. Trabajadores sin acceso a seguridad social enfrentan mayor vulnerabilidad ante enfermedades o accidentes, lo que incrementa la carga sobre sistemas de salud pública ya saturados. A largo plazo, la ausencia de capacitación estructurada y de incentivos para la formalización puede derivar en una fuerza laboral con menor productividad media, reduciendo el potencial de crecimiento del PIB per cápita.

Desde otra perspectiva, la flexibilidad inherente a estos modelos permite absorber población que ingresa cada año al mercado laboral en un contexto de menor creación de plazas formales. Microempresas que optan por operar fuera del IMSS evitan costos regulatorios que, en algunos casos, representan entre 20 y 30 por ciento de la nómina. Esta dinámica puede sostener el consumo interno a corto plazo, especialmente en sectores como el comercio y los servicios profesionales, donde el valor agregado informal creció 9.6 por ciento en 2025.

Riesgos para la inversión y la competitividad

La caída de la inversión fija bruta durante 19 meses consecutivos y la reducción de patrones registrados en el IMSS apuntan a un círculo que podría agravarse. Cuando las empresas formales cierran o se retraen, el espacio que dejan es ocupado por actividades informales que no compiten en igualdad de condiciones. Esto desincentiva la entrada de capital extranjero orientado a nuevas plantas productivas, ya que los inversionistas valoran entornos regulatorios predecibles y mercados laborales estables. El dato de que 94.2 por ciento de la IED recibida en el primer trimestre correspondió a utilidades reinvertidas, y no a proyectos greenfield, refuerza esta preocupación.

En paralelo, la expansión de la informalidad en actividades de mayor especialización, como servicios técnicos y profesionales, introduce distorsiones en cadenas de valor. Empresas formales que subcontratan freelancers sin factura enfrentan riesgos fiscales y de reputación, mientras que la falta de estándares contractuales dificulta la integración en cadenas globales de suministro que exigen trazabilidad y cumplimiento normativo.

Desafíos de política pública y escenarios futuros

Las autoridades enfrentan un dilema entre preservar el colchón de empleo informal y avanzar hacia una mayor formalización. Medidas como la simplificación fiscal o la ampliación de créditos blandos para microempresas podrían reducir la brecha, pero su efectividad depende de que se acompañen de mejoras en el entorno de negocios formal. Si la inversión sigue retrocediendo y las microempresas de 2 a 5 empleados continúan desapareciendo del registro, el ciclo vicioso descrito en el análisis del ITESO se consolidaría: menor recaudación, menor gasto social, mayor informalidad.

No obstante, existen márgenes de maniobra. La concentración geográfica de la informalidad en zonas urbanas densas facilita intervenciones focalizadas, como programas de regularización gradual que vinculen acceso a servicios de salud y crédito con el cumplimiento de obligaciones fiscales básicas. El éxito de estas estrategias dependerá de la capacidad del Estado para generar condiciones que hagan más atractivo el registro que la permanencia en la sombra, sin generar choques que destruyan el empleo que actualmente sostiene el crecimiento.

El análisis del ITESO muestra que la informalidad ya no es un fenómeno residual, sino un componente estructural de la economía mexicana. Sus efectos sobre recaudación, productividad y competitividad configuran un panorama de riesgos crecientes, aunque también de oportunidades limitadas de resiliencia. La trayectoria que tome México en los próximos años dependerá de la rapidez con que se aborden las causas subyacentes del estancamiento formal, antes de que la brecha entre ambos sectores se vuelva aún más difícil de cerrar.

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