Montevideo, 18 ago (EFE).- El Banco Central del Uruguay (BCU) resolvió mantener en 5,75 % la Tasa de Política Monetaria (TPM), en una decisión que confirma la continuidad del sesgo monetario aplicado desde marzo y que se apoya en una inflación que se acerca a la meta oficial de 4,5 % y en expectativas privadas que, en general, permanecen contenidas.
La decisión fue adoptada tras una nueva reunión del Comité de Política Monetaria (Copom) y se produce en un escenario en el que el banco emisor considera que la instancia actual sigue siendo compatible con el objetivo de estabilidad de precios. La inflación interanual de julio fue de 4,27 %, un nivel que, por primera vez en varios meses, se ubicó claramente dentro del rango buscado por la autoridad monetaria, aunque el organismo evitó interpretar ese dato como una señal definitiva de relajamiento.

El banco central también observó que la inflación subyacente registró un aumento moderado, sin señales de efectos de segunda vuelta vinculados a choques externos recientes. Esa lectura es relevante porque la subyacente suele reflejar con más nitidez la persistencia de las presiones internas sobre los precios. En otras palabras, el dato general mejora, pero aún no elimina por completo las fuentes de vigilancia que preocupan a la autoridad monetaria.
En su comunicado, el BCU advirtió además que algunos componentes más persistentes de la inflación, en particular ciertos servicios, siguen en niveles relativamente elevados y requieren seguimiento específico en los próximos meses. Ese matiz sugiere que la política monetaria no se guía solo por el registro puntual de julio, sino por la necesidad de consolidar una trayectoria de desinflación que no dependa de factores temporales, como variaciones en rubros volátiles o ajustes de corto plazo.
La otra pieza central de la evaluación oficial está en las expectativas. Según el BCU, las proyecciones a dos años continúan alineadas con la meta: analistas y mercados financieros las ubican en 4,5 %, mientras que las empresas las sitúan en 5 %, con un consenso amplio de que la inflación permanecerá dentro del rango de tolerancia. Para el banco, esa convergencia importa tanto como el dato corriente, porque el anclaje de expectativas reduce el riesgo de que la inflación futura se acelere por decisiones preventivas de empresas, salarios o contratos.
El entorno externo, sin embargo, sigue introduciendo cautela. La entidad señaló que persiste una elevada incertidumbre asociada a tensiones geopolíticas centradas en el conflicto en Medio Oriente y a sus efectos sobre los precios de los commodities. Esa combinación mantiene, según el banco, un sesgo hacia una mayor inflación global y un menor crecimiento, lo que complica la lectura de mediano plazo para economías pequeñas y abiertas como la uruguaya.
En ese marco internacional, los principales bancos centrales continúan actuando con prudencia y evaluando la evolución de la inflación y los riesgos de persistencia. A nivel doméstico, el BCU destacó que la actividad económica uruguaya crece por debajo de su potencial y que el mercado laboral se mantiene relativamente estable. Esa fotografía limita la urgencia de un ajuste más contractivo, pero también obliga a evitar una relajación prematura mientras la desinflación todavía necesita confirmación.
La combinación de inflación dentro de rango, expectativas relativamente firmes y actividad moderada explica por qué el Copom consideró adecuada la instancia actual de política. La tasa se mantiene así en 5,75 % desde marzo, en una fase que el banco parece interpretar como de observación más que de giro. La señal para el mercado es clara: el margen para bajar tasas existe solo si la mejora inflacionaria deja de depender de datos favorables aislados y se convierte en una tendencia sostenida.
