Tras su debut, la Vuelta limita a Erola Jons

La organización de la Vuelta Ciclista a España no prescindirá de Erola Jons tras las críticas a su estreno como creadora de contenido en la carrera, pero ha decidido alejarla de los ciclistas y de los comentarios sobre su aspecto físico. La influencer catalana, de 28 años y con seis millones de seguidores en redes sociales, deberá centrarse en interactuar con personal vinculado a la logística de la prueba, como quienes distribuyen agua, señalizan los recorridos o preparan las bombas para inflar ruedas.

La contratación respondía al objetivo de buscar públicos nuevos mediante “modernas narrativas”. Según el planteamiento criticado en el texto original, los seguidores habituales del ciclismo no bastan para sostener el negocio y la organización optó por incorporar a una figura conocida por sus vídeos de citas grabados con cámara oculta. Jons también es autora del libro Cómo conseguir a tu crush, publicado por Planeta.

El conflicto estalló durante su primera jornada con acceso directo a deportistas de élite y a sus equipos. Micrófono en mano, preguntó al esloveno Tadej Pogacar por qué hiperventilaba al verla y se refirió a él como “Pogachitar”. El campeón no respondió a la pregunta. La intervención fue uno de los episodios que concentraron las críticas hacia la colaboradora.

En esa misma cobertura, Jons también se dirigió en tono de flirteo al galés Joshua Tarling. Días antes, Tarling había perdido a su hermano pequeño, Finlay, también ciclista, en un accidente ocurrido en la Vuelta a Portugal. El artículo sitúa este antecedente entre los elementos que agravaron la reacción contra el contenido difundido por la influencer.

Al día siguiente de su debut, y pese a la oleada de reproches, Jons reivindicó el alcance de su participación con un mensaje: “Ayer rompimos internet”. La organización, por su parte, considera sus bromas una forma de “entretenimiento” y sostiene que hay que entender el contexto. Aun así, la restricción anunciada impide que siga acercándose a los corredores o que haga observaciones sobre las mallas, los bíceps o posibles intentos de ligar.

La polémica ha abierto la discusión sobre el espacio asignado a una creadora de contenido con un estilo que el texto califica de sexista y chabacano, frente a profesionales formadas que aún esperan oportunidades en la cobertura deportiva. La decisión de mantenerla, aunque con funciones reducidas, deja en manos de la organización el intento de atraer a la audiencia buscada sin repetir las escenas que provocaron el rechazo inicial.

El debate sobre la atención pública a la Vuelta conecta además con lo sucedido el año pasado, cuando las protestas multitudinarias en favor de Palestina y contra el genocidio en Gaza interrumpieron el recorrido por el centro de Madrid y obligaron a cancelar la última etapa. Entonces, las bicicletas también ocuparon portadas y se habló intensamente de la carrera, pero los organizadores no mostraron la misma disposición hacia el “contexto” ni hacia la notoriedad generada por aquel episodio.

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