Donald Trump planteó cambiar el nombre del lago Ontario a “lago América” en medio de su disputa comercial con Canadá, una idea que Ottawa desestimó de inmediato y que volvió a tensar una relación ya golpeada por los nuevos aranceles. El anuncio llegó horas antes de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, detallara represalias contra las importaciones estadunidenses.
“Estados Unidos considera seriamente cambiar el nombre del lago Ontario a lago Estados Unidos, ya que no esperamos hacer muchos negocios con Ontario por mucho más tiempo”, publicó Trump el lunes en Truth Social. La Casa Blanca acompañó ese mensaje con un mapa de Lego donde el Golfo de México aparecía rotulado como “Golfo de América”, la misma lógica de etiquetado que el presidente ya había aplicado en otro frente simbólico.

La propuesta se cruzó con una escalada comercial concreta: durante el fin de semana, el gobierno de Trump impuso aranceles del 50% a 20 mil millones de dólares en bienes canadienses, después de que fracasaran las conversaciones entre ambos países. Trump también ha amenazado con nuevos gravámenes del 50% a vehículos, autopartes y acero canadienses, mientras Carney acusa a Washington de querer “destruir nuestras principales industrias”.
En Ontario, varias voces restaron seriedad a la idea. Patricia Wiseman dijo que Trump “puede despotricar” pero que el cambio no ocurrirá, y Doug Ford lo calificó como “mucha retórica”, al tiempo que pidió retomar las negociaciones. Ford reconoció además que la disputa “se volvió un tanto personal” y que la batalla comercial está perjudicando a ambos lados de la frontera.
El nombre del lago antecede a Estados Unidos y Canadá: proviene del término hurón “oniatarí:io”, que significa “lago de aguas brillantes”. La frontera entre los dos países atraviesa ese cuerpo de agua, que separa Buffalo de Toronto y forma parte de la costa del estado de Nueva York. Ontario, además, es el principal destino de exportación para más de una docena de estados de Estados Unidos.
