El Informe Global de Riqueza 2026 de UBS confirma que la riqueza mundial creció por tercer año consecutivo. El aumento promedio por adulto superó el ritmo de la economía global en 2025, impulsado por una combinación de productividad, riesgos de inversión y la suerte de estar posicionado en transformaciones estructurales. Los tipos de cambio anuales siguen siendo el factor más determinante del desempeño relativo entre regiones, ya que las tendencias subyacentes evolucionan de forma lenta y persistente.
La debilidad del dólar estadounidense amplificó el crecimiento medido en esa divisa: 1,6 % en el Sudeste Asiático, 4,6 % en el Gran China, 8,8 % en Norteamérica, 17 % en Europa Occidental y 28 % en Europa del Este. Más de la mitad de la riqueza personal mundial en dólares se concentra en Estados Unidos (37,5 %) y el Gran China (18,5 %). Esta distribución revela cómo las fluctuaciones monetarias actúan como amplificador de desigualdades regionales preexistentes.

Transferencia y deuda
La normalización de la deuda de los hogares, la Gran Transferencia de Riqueza y el mayor acceso de las mujeres a activos financieros están remodelando la distribución. La inflación también sacó a más personas de los tramos más bajos de riqueza. Ninguno de los 56 mercados analizados registró una caída en el número de millonarios. Estados Unidos añadió 440 000 nuevos millonarios, equivalente a 1 200 por día, mientras la población mundial de millonarios creció un 1,5 %.
Visibilidad y riesgo político
Las redes sociales han hecho más visibles las diferencias de riqueza, intensificando la percepción de desigualdad incluso donde la brecha real se ha reducido. Cuando la riqueza se distribuye de forma más amplia, disminuye la probabilidad de escrutinio gubernamental. Los gobiernos, sin embargo, observan con atención la Gran Transferencia para movilizar recursos y reducir el costo de financiamiento de la deuda pública, que permanece por encima de niveles recientes aunque por debajo de máximos históricos.
El informe subraya que la suerte estructural y la ubicación geográfica siguen siendo variables decisivas en la creación de riqueza, más allá de los fundamentos de productividad y riesgo.
