UEFA busca rival para Infantino: impactos y riesgos

La decisión de la UEFA de impulsar un candidato único contra Gianni Infantino en las elecciones de la FIFA de 2027 marca un punto de inflexión en la política futbolística internacional. Esta estrategia, impulsada por federaciones europeas, responde a tensiones acumuladas durante la gestión actual y busca reequilibrar el poder dentro del organismo rector del fútbol mundial.

Entre los factores que han acelerado este movimiento destacan las críticas a la cercanía de Infantino con actores políticos externos y ciertas decisiones que han generado divisiones entre confederaciones. La posibilidad de una candidatura europea coordinada introduce una dinámica competitiva que podría modificar las reglas del juego en la gobernanza del deporte.

UEFA busca rival para Infantino: impactos y riesgos

Una consecuencia positiva de esta iniciativa podría ser el fortalecimiento de los mecanismos de control interno en la FIFA. La presencia de un contendiente serio obligaría al actual presidente a justificar con mayor detalle sus políticas y a someterse a un escrutinio más riguroso por parte de las federaciones miembros. Este escenario favorecería la transparencia en áreas como la distribución de recursos y la organización de torneos.

Al mismo tiempo, la competencia electoral podría revitalizar el interés de las asociaciones continentales por participar activamente en las decisiones estratégicas. Federaciones que hasta ahora mantenían una postura pasiva podrían involucrarse más en la definición de prioridades, lo que enriquecería el debate sobre el desarrollo del fútbol en regiones menos favorecidas.

Sin embargo, el proceso también conlleva riesgos significativos. La confrontación entre bloques regionales podría fragmentar la unidad que la FIFA ha intentado construir en los últimos años. Si las diferencias se radicalizan, existe la posibilidad de que las confederaciones adopten posturas más defensivas y reduzcan la colaboración en proyectos conjuntos.

El nombre de Dariusz Mioduski ha surgido como alternativa viable, respaldado por varias federaciones del norte y este de Europa. Su perfil empresarial y su experiencia en la European Club Association representan un enfoque más orientado al modelo comercial europeo, pero esta misma característica podría generar resistencia en confederaciones que priorizan el desarrollo social del fútbol por encima de criterios puramente económicos.

Otro riesgo radica en la percepción de que la UEFA actúa de manera coordinada para limitar la influencia de otras regiones. Aunque el objetivo declarado es mejorar la gobernanza, una candidatura percibida como impulsada exclusivamente desde Europa podría interpretarse como un intento de recentralizar el poder, lo que debilitaría la legitimidad del proceso electoral ante los ojos de Asia, África y América.

La negativa de Alexander Ceferin y Nasser Al-Khelaifi a presentarse añade complejidad al panorama. Ambos dirigentes prefieren mantener su influencia dentro de sus organizaciones actuales, lo que deja a la UEFA con un margen de maniobra reducido. Esta situación obliga a las federaciones europeas a buscar perfiles menos conocidos, lo que aumenta la incertidumbre sobre la capacidad real de competir contra un presidente en funciones con amplios apoyos en otras confederaciones.

Desde el punto de vista institucional, una elección disputada podría mejorar la rendición de cuentas a largo plazo. Los presidentes futuros tendrían mayor incentivo para equilibrar intereses diversos y evitar decisiones que generen descontento en bloques importantes. No obstante, también existe el peligro de que las campañas electorales introduzcan promesas excesivas o alianzas temporales que luego resulten difíciles de cumplir.

El plazo para presentar candidaturas, que vence en noviembre de 2026, será determinante. Si para esa fecha la UEFA logra consolidar un candidato con respaldo amplio, el debate se centrará en los programas de cada contendiente. En caso contrario, la falta de oposición podría reforzar la posición de Infantino y limitar el margen de maniobra de las federaciones europeas durante los siguientes años.

En términos de relaciones internacionales, el resultado de 2027 podría influir en cómo otras organizaciones deportivas abordan sus propios procesos electorales. Una transición ordenada y competitiva en la FIFA serviría como referencia positiva; por el contrario, una contienda marcada por divisiones regionales podría desalentar intentos similares en otras entidades.

El análisis de los escenarios posibles indica que el éxito de la estrategia europea dependerá tanto de la capacidad de unificar posiciones internas como de la habilidad para presentar un proyecto que resulte atractivo más allá del continente. La experiencia de las últimas décadas muestra que las presidencias de la FIFA requieren un delicado equilibrio entre poder institucional y apoyo geográfico amplio.

Las federaciones que apoyan la candidatura alternativa enfrentan el desafío de mantener la cohesión hasta 2027 sin que las diferencias internas debiliten su posición negociadora. Cualquier fisura en el bloque europeo podría ser aprovechada por la actual dirección de la FIFA para consolidar apoyos en otras regiones.

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