El estrecho de Ormuz ha sido escenario de tensiones desde la década de 1980, cuando durante la guerra entre Irán e Irak ambos bandos atacaron buques petroleros para interrumpir el flujo de crudo. Esa experiencia marcó la doctrina iraní de considerar el paso marítimo como parte esencial de su defensa nacional, una postura que se ha repetido cada vez que Washington intensifica sanciones o bloqueos parciales.
En 2019, Irán derribó un dron estadounidense y capturó un petrolero británico, recordando su capacidad para interferir en el tráfico sin cerrar formalmente la vía. El memorándum de Islamabad de junio de 2026 surgió como intento de congelar ese ciclo de hostilidades, pero la reanudación del bloqueo estadounidense contra buques iraníes rompió la frágil tregua en menos de un mes.
Raíces históricas del control marítimo
Desde 1968, Irán y Omán coordinan un sistema de separación de tráfico que ordena el ingreso y salida de buques sin otorgar soberanía exclusiva a ninguno. Irán, al no haber ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, argumenta que no está obligado por sus reglas de paso inocente y reclama autoridad para autorizar rutas y cobrar tarifas por servicios de seguridad.
La decisión británica de designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización vinculada a amenazas estatales añade una capa diplomática nueva. Londres ya sancionaba al CGRI, pero la nueva medida permite penas de hasta 14 años de prisión por apoyo material y cadena perpetua por actos de sabotaje, elevando el costo legal para cualquier red que actúe en nombre de Teherán en territorio británico.

Impacto inmediato en el comercio energético
Antes del conflicto de febrero de 2026, Ormuz transportaba una quinta parte del petróleo y gas natural licuado mundial. Cualquier retraso adicional por inspecciones o primas de seguro elevadas se traduce en días extra de navegación alrededor de África, con costos que superan los 500.000 dólares por viaje para un VLCC. Las navieras ya han comenzado a exigir cláusulas de fuerza mayor en contratos de fletamento, señal de que el riesgo operativo ha dejado de ser teórico.
El segundo buque en llegar a las terminales iraquíes tras el cierre parcial, el HELGA, ilustra cómo incluso países vecinos como Irak sufren consecuencias directas. Bagdad depende de puertos cercanos a Basora para exportar crudo, y la incertidumbre sobre permisos iraníes afecta su capacidad de cumplir contratos a largo plazo con compradores asiáticos.
Reconfiguración de alianzas regionales
Pakistán y Qatar, que mediaron el memorándum de Islamabad, mantienen el documento como base de diálogo, mientras Estados Unidos e Irán evitan fijar nueva fecha de negociaciones. Esta divergencia debilita la posición de los mediadores y abre espacio para que otros actores, como China, ofrezcan canales alternativos de contacto que no impliquen reconocimiento explícito de las reclamaciones iraníes sobre el estrecho.
La postura de Omán resulta clave. Aunque comparte jurisdicción sobre parte de los canales de navegación, Mascate ha evitado confrontación directa con Teherán para preservar relaciones comerciales y evitar que el tráfico se desvíe permanentemente hacia rutas más costosas. Cualquier cambio en la actitud omaní alteraría el equilibrio de poder en el golfo de Omán.
Consecuencias a largo plazo sobre el derecho marítimo
La decisión no vinculante del Consejo de la Organización Marítima Internacional de rechazar las reclamaciones iraníes de soberanía total sobre Ormuz establece un precedente que podría aplicarse a otros estrechos disputados, como el de Malaca o el de Bab el-Mandeb. Si más Estados ribereños adoptan interpretaciones unilaterales similares, el principio de libertad de navegación internacional enfrentaría erosión gradual sin necesidad de modificar tratados formales.
Las aseguradoras marítimas ya estudian modelos de cobertura que diferencien entre buques que respeten rutas autorizadas por Irán y los que no. Esta segmentación podría crear dos mercados paralelos de transporte de energía, con primas distintas según la ruta declarada, alterando la competencia entre productores del golfo Pérsico y los de África occidental o América.
Efectos en la estabilidad interna iraní
El CGRI, al verse señalado por Londres, obtiene argumentos internos para reforzar su papel como guardián de la soberanía nacional. Esta narrativa permite al gobierno de Teherán justificar mayores recursos presupuestarios para el desarrollo de capacidades de interdicción marítima, incluidas minas inteligentes y drones de superficie, tecnologías que ya demostraron utilidad en incidentes anteriores.
Al mismo tiempo, la presión sobre exportaciones de petróleo reduce ingresos fiscales y complica el cumplimiento de promesas de subsidios internos. La combinación de sanciones renovadas y tensiones diplomáticas con Europa podría acelerar la búsqueda de acuerdos bilaterales con China e India que ofrezcan descuentos en crudo a cambio de pagos en monedas locales, profundizando la dependencia de Teherán respecto a compradores asiáticos.
