La disputa entre la FIFA y tres de las principales confederaciones continentales ha entrado en una nueva fase. La UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) difundieron una carta abierta dirigida a la “familia del fútbol” en la que cuestionan el liderazgo de Gianni Infantino y reclaman una revisión independiente de la propuesta para vender una participación de los derechos de la Copa Mundial de la FIFA a un fondo privado.
El documento está firmado por Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA; Salman Bin Ibrahim Al Khalifa, presidente de la AFC; Víctor Montagliani, presidente de la Concacaf; y los secretarios generales de las tres organizaciones. Su publicación se produce después de que la FIFA respondiera con dureza a las críticas recibidas y advirtiera de que no apoyaría ni toleraría ningún proceso relacionado con la elección de su presidente que fuera “inconsistente con los Estatutos de la FIFA”.
Una confrontación que ya afecta a la gobernanza
El origen inmediato de la crisis se encuentra en la iniciativa para transferir parte de los derechos comerciales del Mundial a un fondo privado. La propuesta provocó inquietud entre distintas federaciones y confederaciones porque, según sus críticos, fue impulsada con plazos muy ajustados y sin una consulta suficiente a los órganos que integran la estructura del fútbol internacional.
La reacción de la FIFA, emitida el sábado, presentó el episodio como un problema de comunicación y defendió la necesidad de respetar sus normas estatutarias. La respuesta de UEFA, Concacaf y AFC rechaza esa interpretación. En su carta, las tres confederaciones sostienen que no se trató simplemente de un fallo comunicativo, sino de un “error de criterio” relacionado con el fondo de la operación y con la manera en que fue promovida.
La diferencia no es menor. Mientras la FIFA parece situar el conflicto en el terreno de los procedimientos y la disciplina institucional, sus opositores lo vinculan directamente con la confianza depositada en la dirección del organismo. Esa divergencia explica la dureza del lenguaje utilizado y anticipa una disputa que puede extenderse al próximo proceso electoral de la FIFA.

La carta defiende los avances compartidos
Las confederaciones niegan que su oposición esté motivada por una pugna económica o por el deseo de revertir decisiones adoptadas en los últimos años. En particular, afirman que no pretenden cuestionar la ampliación de los torneos, el reparto de plazas para la Copa Mundial, la designación de las sedes de 2030 y 2034 ni los mecanismos de apoyo financiero a las federaciones miembro.
El texto presenta esos logros como resultados colectivos de la FIFA, las confederaciones, las asociaciones nacionales, los clubes, los jugadores y los aficionados. También sostiene que las reservas financieras de la FIFA deberían distribuirse de forma responsable para reforzar el desarrollo de las federaciones miembro, una posición que busca separar el debate sobre la utilización del patrimonio del organismo de cualquier intento de reducir las ayudas ya concedidas.
Ese punto es relevante porque la FIFA ha advertido, según la carta, de que algunas federaciones podrían perder apoyos obtenidos. UEFA, Concacaf y AFC califican esa posibilidad de parte de una campaña para desacreditar a sus miembros y aseguran que no están planteando retirar beneficios ni alterar acuerdos previamente alcanzados. La disputa, por tanto, se presenta como una discusión sobre la autoridad y los controles, no como una renegociación general del modelo financiero del fútbol mundial.
La exigencia de una investigación externa
Uno de los reclamos centrales es que la FIFA no conduzca por sí misma la revisión de lo ocurrido. El organismo ha comprometido la elaboración de un informe completo para el Consejo de la FIFA, pero las tres confederaciones consideran insuficiente que la investigación quede en manos de la propia administración, de su personal o de cualquier otro actor vinculado al fútbol.
Su propuesta es que el examen sea realizado por un tercero completamente independiente. Además, solicitan conservar todos los documentos y registros relacionados con el proceso, en línea con la comunicación de la UEFA sobre preservación documental. La petición pretende garantizar que la revisión pueda reconstruir quién conoció la propuesta, en qué momento, qué consultas se realizaron y cómo se tomaron las decisiones.
La carta también pone el foco en una reunión de dirigentes celebrada en Marruecos. Según la versión citada por las confederaciones a partir de una comunicación de la FIFA, solo participó en ella un funcionario electo, mientras que ningún miembro del Consejo de la FIFA ni de las federaciones miembro fue invitado. La presencia se habría limitado a un comité directivo compuesto por altos funcionarios de la organización.
Los firmantes relacionan esa reunión con otro encuentro reciente en el extranjero, al que fue convocado un grupo seleccionado de miembros del Comité de Gestión de la FIFA, pero no todo el comité. A su juicio, esa forma de proceder refuerza la percepción de que las decisiones se están concentrando en un círculo reducido en lugar de someterse a los órganos representativos del fútbol internacional.
El impacto en el poder de Infantino
La ofensiva conjunta de UEFA, Concacaf y AFC tiene una importancia política considerable. Las tres confederaciones representan a un amplio conjunto de federaciones y, al actuar coordinadamente, trasladan el conflicto desde una discusión interna sobre derechos comerciales hacia un debate sobre el modelo de liderazgo de la FIFA. Su mensaje sostiene que la presidencia no debe convertirse en una posición de control personal, sino mantenerse como una responsabilidad de servicio al conjunto del fútbol.
La FIFA, por su parte, ha defendido la legalidad de sus procedimientos y ha advertido contra cualquier iniciativa electoral que no respete sus Estatutos. Esa respuesta muestra que el enfrentamiento puede tener consecuencias más allá de la propuesta comercial: también puede influir en la forma en que las federaciones evalúen el próximo escenario de liderazgo y en el equilibrio entre el poder central de la FIFA y la autonomía de las confederaciones.
Por ahora, no se ha anunciado una solución institucional ni una investigación independiente. La carta concluye con un llamamiento a preservar la unidad del fútbol, pero deja claro que UEFA, Concacaf y AFC no consideran cerrada la controversia. La presión sobre Infantino se mantiene abierta, mientras el conflicto gira cada vez más en torno a la transparencia, la rendición de cuentas y los límites de la autoridad presidencial dentro de la FIFA.
