La narrativa de “Vende América” reaparece en los mercados de divisas y deuda, pero todavía no alcanza a la renta variable. Barclays observa un dólar más débil y rendimientos largos más elevados desde la última reunión de la Reserva Federal, una combinación que revela dudas sobre la política monetaria y eleva el coste financiero para empresas y hogares.

Dólar, yen y Fed elevan la fragilidad
El banco atribuye la tensión a fuerzas superpuestas: una comunicación más acomodaticia de la Fed, la persistencia de una prima de riesgo sobre el dólar y el posible desarme de operaciones de carry trade financiadas en yenes. Los rendimientos de los bonos japoneses están por encima de los niveles vistos durante la liquidación de 2024, mientras las posiciones cortas récord contra el yen mantienen abierta una fuente de volatilidad para el mercado cambiario y los bonos del Tesoro.
La caída del petróleo tras la reducción de tensiones entre Estados Unidos e Irán y unos costes laborales moderados rebajan, según Barclays, la necesidad de un endurecimiento adicional. Sin embargo, un informe de empleo robusto o una sorpresa alcista en la inflación podría devolver rápidamente al centro del debate la credibilidad de la Fed y reactivar las ventas en deuda y dólar.
Las ganancias sostienen a las bolsas
La diferencia decisiva con un verdadero cambio de régimen está en las acciones. Los índices estadounidenses y globales siguen cerca de máximos, apoyados por una temporada de resultados del segundo trimestre más amplia y fuerte de lo previsto. Los flujos tampoco muestran una rotación relevante desde Wall Street hacia otros mercados, aunque Europa conserva valor como diversificador.
Barclays mantiene una visión constructiva sobre la renta variable, pero condicionada a un entorno macroeconómico contenido. El posicionamiento elevado, las dudas sobre la sostenibilidad del gasto en inteligencia artificial, la vulnerabilidad del carry trade y la debilidad estacional previa a las elecciones de mitad de mandato limitan el margen de error. La señal central es clara: no hay huida masiva de las acciones estadounidenses, pero el mercado ha dejado de conceder al dólar y a la deuda pública el mismo beneficio de la duda.
