Estados Unidos y Japón realizaron una intervención conjunta para apuntalar el yen, pero el método elegido abrió una fricción inusual con el Banco Central Europeo. Washington vendió euros para comprar yenes sin avisar previamente a Fráncfort, según varias fuentes citadas por el Financial Times. La operación representa el primer esfuerzo coordinado entre EE.UU. y Japón en casi tres décadas para sostener la moneda japonesa.

Una ruptura de protocolo
El BCE tuvo conocimiento de la operación cuando ya se había ejecutado el viernes. Al día siguiente, Christine Lagarde abordó el asunto con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. Para varios altos cargos europeos, no fue solo una cuestión de comunicación: emplear euros en vez de dólares alteró una práctica de cooperación monetaria consolidada durante décadas entre las principales economías occidentales.
Las intervenciones cambiarias suelen coordinarse porque afectan a varias monedas, a la liquidez de los mercados y a la credibilidad de los bancos centrales. La falta de consulta adquiere mayor peso al tratarse del euro, una divisa cuya estabilidad es competencia directa del BCE. Una fuente calificó el episodio como algo sin precedentes, con potencial para erosionar la confianza institucional acumulada desde la posguerra.
El yen gana, pero la señal trasciende al mercado
La acción respondió a la caída del yen hasta casi 164 unidades por dólar, su nivel más bajo desde 1986. Tras la intervención, la moneda japonesa se fortaleció hasta alrededor de 157 por dólar, aunque luego cedió parte de ese avance. El efecto inmediato mostró capacidad de influencia, pero no garantizó un cambio duradero en una tendencia condicionada por las diferencias de tipos de interés y las expectativas económicas.
El Tesoro estadounidense sostuvo que el uso de los recursos de su Fondo de Estabilización Cambiaria es una decisión exclusiva de Washington y no requiere coordinación externa. Analistas interpretan la venta de euros como una forma de evitar que la operación pareciera un intento de debilitar al dólar. Esa elección protegió la narrativa interna de EE.UU., pero trasladó el coste político a su relación con Europa.
