La disputa entre Apple y OpenAI entró en una fase más tensa esta semana, luego de que la empresa creadora de ChatGPT pidiera a un tribunal federal que desestime la demanda por robo de secretos comerciales presentada por el fabricante del iPhone. El caso, que combina acusaciones de espionaje corporativo, competencia por talento y planes de hardware aún no anunciados, quedó ahora en manos del juez Edward Davila, quien escuchará ambas posturas el 1 de octubre en San José, California.
Apple sostiene que OpenAI habría impulsado una campaña para apropiarse de información confidencial mediante exempleados y que ese material estaría siendo usado en el desarrollo de su futura línea de dispositivos. En un escrito presentado el lunes, la compañía describió esas conductas como “instancias repetidas de robo deliberado” y alegó que la rival no debería beneficiarse de secretos internos de Apple para ganar ventaja en hardware. La demanda original fue presentada el mes pasado y se apoya, entre otros puntos, en el traslado de más de 400 exempleados de Apple a OpenAI, según la versión de la tecnológica de Cupertino.

La respuesta de OpenAI y el frente judicial
OpenAI respondió el miércoles con una solicitud para que el caso no solo sea desestimado, sino cerrado de manera permanente, lo que impediría a Apple volver a demandar por los mismos hechos. Sus abogados calificaron la acusación como “infundada” y “podrida hasta la médula”, y afirmaron que Apple no identificó un producto concreto que esté siendo copiado, como el iPhone, ni aportó una base suficiente para sostener que la información supuestamente robada esté siendo usada de forma ilícita.
La defensa de OpenAI también rechazó la idea de que sus operaciones de contratación hayan cruzado líneas legales. En el centro de ese argumento aparece Tang Tan, jefe de hardware de OpenAI y ex vicepresidente de diseño de Apple, a quien la demanda de Cupertino señala como una pieza clave en la supuesta extracción de conocimiento sobre productos aún no lanzados. OpenAI afirma que Tan instruyó a los nuevos reclutas para que no revelaran información confidencial de antiguos empleadores y añadió que pedir a candidatos llevar prototipos o materiales de diseño a entrevistas es una práctica estándar en la industria.
Hardware, talento y una competencia que ya es comercial
El conflicto no se limita a lo procesal. Ambos grupos mantienen una relación comercial, ya que ChatGPT está integrado en productos de Apple desde 2024, pero al mismo tiempo compiten por el control de la próxima ola de dispositivos con IA. Apple quiere demostrar que OpenAI está construyendo hardware con información que no le pertenece; OpenAI insiste en que no tiene “uso, necesidad o deseo” de los secretos comerciales de Apple. Esa divergencia revela un punto más amplio: la disputa no trata solo de una contratación discutida, sino de quién puede dominar la interfaz física entre la inteligencia artificial y el usuario final.
Para reforzar la urgencia de su pedido, Apple citó un artículo de TechCrunch con detalles filtrados sobre el dispositivo que OpenAI prepara junto con LoveFrom, el estudio fundado por Jony Ive, exjefe de diseño de Apple. Bloomberg añadió luego que el aparato sería circular, del tamaño de un disco de hockey, sin pantalla y con un precio estimado de entre 300 y 400 dólares, con lanzamiento previsto para 2027. OpenAI no confirmó esa información. En paralelo, la empresa de IA enfrenta una competencia intensa con Anthropic, creadora de Claude y fundada por exempleados de OpenAI, en un mercado donde la movilidad de ingenieros y diseñadores se ha convertido en un activo estratégico tan valioso como los algoritmos.
El caso llega además en un momento sensible para OpenAI, cuya valoración ronda los 852.000 millones de dólares y que prepara una eventual salida a bolsa. Para Apple, la demanda también funciona como una señal defensiva: intenta proteger su cultura de diseño, su base de talento y su posición en la carrera por integrar IA en el hardware de consumo. La audiencia de octubre servirá para medir si los jueces ven en el expediente una disputa legítima sobre secretos comerciales o un movimiento preventivo en una competencia tecnológica cada vez más cerrada.
