Aquamar decidió que para vender más pescado y mariscos no necesitaba enfrentarse únicamente con otras marcas de la categoría. Su nuevo rival es el pollo, una de las proteínas más presentes en la mesa de los consumidores estadounidenses. La compañía lanzó este jueves 3 de septiembre la campaña “Break Free from Chickensanity”, creada junto con la agencia ONE23WEST, con la que busca transformar la repetición de comer pollo en un problema de consumo y presentar sus productos como una salida práctica.
Una campaña que redefine qué significa competir
La apuesta parte de una premisa comercial concreta: los consumidores no siempre eligen entre dos marcas de pescado, sino entre distintas soluciones para resolver la comida o la cena. Desde esa perspectiva, el pollo compite con el seafood aunque no pertenezca al mismo anaquel ni responda a la misma categoría industrial. Ambas opciones disputan el mismo momento de consumo, especialmente cuando la prioridad es preparar algo rápido, conocido y fácil de incorporar a la rutina.
ONE23WEST afirma que el pollo aparece aproximadamente siete veces por semana en la alimentación del estadounidense promedio y que el consumo ronda las 100 libras por persona al año. Más que utilizar estas cifras para cuestionar el valor nutricional de la proteína, la campaña las emplea para describir una conducta repetitiva. La frecuencia se convierte así en el antagonista narrativo de Aquamar: no es el pollo en sí mismo, sino la falta de variedad asociada con su consumo constante.

“Chickensanity” lleva la monotonía a un thriller psicológico
El nombre de la campaña combina las palabras chicken e insanity para sugerir que repetir la misma proteína hasta el cansancio puede convertirse en una rutina absurda. En las piezas audiovisuales, una familia queda atrapada en un ciclo aparentemente interminable de cenas con pollo. La escena se repite con una lógica cercana a la de una pesadilla, hasta que los productos de Aquamar interrumpen la secuencia y ofrecen una alternativa.
La ejecución surrealista cumple una función estratégica. En una categoría donde muchas marcas suelen concentrarse en mostrar frescura, sabor, beneficios nutricionales o instrucciones de preparación, Aquamar opta por construir un conflicto reconocible. El consumidor no recibe únicamente una invitación a probar un producto, sino una representación exagerada de un hábito cotidiano. La rareza busca detener la atención y provocar una pregunta sencilla: ¿por qué elegir siempre lo mismo?
Matt McGarva, group account director de ONE23WEST, explicó que la idea comenzó como una broma y cobró fuerza cuando el equipo identificó lo familiar que resultaba la situación. Esa transición, de chiste interno a plataforma publicitaria, revela el centro de la campaña: convertir una tensión doméstica frecuente en una razón para considerar una nueva compra.
El verdadero desafío está fuera del anaquel de pescados
Para Aquamar, competir contra el pollo implica ampliar el terreno de la categoría. Mientras una estrategia tradicional intentaría ganar participación frente a marcas de pescado congelado, refrigerado o preparado, “Break Free from Chickensanity” intenta modificar la decisión previa: qué proteína entra en el carrito y llega a la mesa.
Este enfoque puede ser especialmente relevante para una empresa que busca crecer más allá de su asociación histórica con el surimi. Aquamar es conocida por productos utilizados en preparaciones como los California rolls, pero su portafolio actual incluye opciones de pescado, mariscos y alimentos diseñados para simplificar la cocina en casa. La marca necesita, por tanto, dejar de ser percibida como una compañía especializada en un solo producto y ganar presencia en decisiones de consumo más amplias.
Daryl Gormley, CEO de Aquamar, llevó esa confrontación al discurso corporativo al señalar que la compañía está dispuesta a arrebatar terreno al pollo porque considera que el seafood es una proteína superior. Aunque se trata de una declaración propia de la comunicación de marca, su importancia está en que conecta la campaña con un objetivo empresarial: aumentar la frecuencia de consumo de productos del mar, no limitarse a captar compradores que ya tienen el hábito de consumirlos.
De “Unfishingbelievable” a una propuesta de conveniencia
“Chickensanity” forma parte de una transformación de marca iniciada por Aquamar durante 2026. En marzo, la compañía presentó una renovación integral desarrollada también por ONE23WEST, con cambios en su estrategia, plataforma de marca, identidad visual y empaques. La nueva propuesta recibió el nombre de “Unfishingbelievable”, un concepto creado para apartarse de los códigos más previsibles de la industria.
La renovación busca sustituir la imagen de un seafood complicado o reservado para recetas específicas por una oferta accesible y sencilla de preparar. Aquamar utiliza la expresión “fuss-free seafood” para describir productos orientados a reducir el esfuerzo asociado tradicionalmente con cocinar pescado y mariscos. Entre ellos figuran Pacific Cod con Lemon Butter, Spiced Chile Lime y Creamy Basil Pesto; Crispy Scallop Bites; Salmon Wellington con cheddar, limón y espinaca; mejillones y distintas presentaciones de surimi.
La relación entre ambas campañas es directa. “Unfishingbelievable” establece el tono irreverente y contemporáneo de la marca, mientras “Chickensanity” aplica ese lenguaje a un competidor concreto. Los colores intensos, las ilustraciones, el humor y la denominada “Big Fish Energy” dejan de ser únicamente recursos visuales y pasan a sostener una posición comercial: el pescado puede ocupar un lugar cotidiano en la cena sin exigir una preparación compleja.
Una apuesta con potencial, pero también con límites
La estrategia permite a Aquamar entrar en una conversación más amplia que la de sus propios productos. Si consigue que el consumidor identifique el seafood con conveniencia, puede aumentar las ocasiones de consumo y reducir una de las barreras más habituales de la categoría: la percepción de que preparar pescado y mariscos requiere más tiempo, conocimiento o planificación que cocinar pollo.
El riesgo está en que una campaña llamativa no sustituye la experiencia del producto. Para que el cambio de proteína se vuelva recurrente, Aquamar deberá demostrar que sus alimentos cumplen la promesa de facilidad, mantienen una calidad consistente y ofrecen un precio competitivo frente al pollo. También tendrá que evitar que la confrontación se perciba como una simple provocación publicitaria sin una diferencia clara en la vida diaria del consumidor.
La campaña, cuyo material audiovisual completo está disponible en el sitio de ONE23WEST, representa así algo más que una disputa creativa entre dos alimentos. Es un intento de cambiar la unidad de competencia: de la marca rival a la costumbre instalada. Aquamar no busca solamente que el público elija su pescado en lugar de otro pescado, sino que considere una posibilidad distinta cada vez que la cena vuelva a parecerse demasiado a la anterior.
