La disputa entre Estados Unidos y China por el control de los minerales críticos abrió para la Argentina una oportunidad que combina geopolítica, inversión y desarrollo productivo. El país fue presentado en Buenos Aires como un socio prioritario de Washington por sus reservas de litio y cobre, dos insumos considerados decisivos para la expansión de la industria tecnológica, la inteligencia artificial, la energía y la defensa.
El diagnóstico fue expuesto durante el Foro Estados Unidos-Argentina sobre Minerales Críticos, organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), la Cámara de Comercio de Estados Unidos y Citi. Funcionarios argentinos, diplomáticos estadounidenses, gobernadores y representantes de organismos financieros multilaterales coincidieron en que la disponibilidad de recursos no alcanza por sí sola: para atraer capital y convertirse en un proveedor confiable, la Argentina deberá resolver problemas de infraestructura, previsibilidad regulatoria y capacidad logística.
Una oportunidad nacida de la concentración china
China concentra entre el 70% y el 75% del procesamiento mundial de litio, cobre y otros materiales esenciales. Esa posición no se limita a la extracción, sino que abarca etapas de refinación, transformación y elaboración de componentes, lo que le otorga una influencia determinante sobre los precios, los estándares industriales y el acceso a insumos estratégicos.
Heidi Gómez Rápalo, subjefa de misión de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, advirtió que la concentración dificulta conocer dónde fueron refinados los minerales y bajo qué normas ambientales. Esa falta de trazabilidad, sostuvo, vuelve más frágiles las cadenas de suministro y deja margen para distorsiones de precios. El problema adquiere mayor relevancia a medida que aumentan las necesidades de sectores sensibles, como la defensa, la inteligencia artificial y la transición energética.
La respuesta de Washington se articula, entre otras iniciativas, mediante la Pax Silica, un esquema orientado a fortalecer vínculos con proveedores estratégicos del continente americano. Alejandro Díaz, CEO de AmCham, definió la estrategia como una política de friend-shoring: trasladar inversiones y abastecimiento hacia países considerados confiables desde el punto de vista político y comercial.

El RIGI como carta de presentación
Para el Gobierno argentino, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) constituye la principal plataforma para transformar el interés internacional en proyectos concretos. Fernando Brun, secretario de Relaciones Económicas Internacionales, vinculó la mejora de las perspectivas mineras con el programa de estabilización impulsado por la administración de Javier Milei, que incluyó una reducción del déficit fiscal, una contracción del gasto público real y una fuerte desaceleración de la inflación.
Según los datos presentados por el funcionario, los proyectos mineros aprobados bajo el RIGI superan los 47.000 millones de dólares, mientras que otros 147.000 millones se encuentran en evaluación. El conjunto de iniciativas en cartera alcanza así unos 200.000 millones de dólares. Los emprendimientos ya autorizados podrían generar 96.000 puestos de trabajo y contribuir a ampliar el peso de la minería en las exportaciones nacionales, que en junio representó el 9% del total, un máximo histórico.
Sin embargo, el régimen de incentivos no elimina todos los riesgos que observan los inversores. Gómez Rápalo señaló como pasos pendientes la ratificación del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos, firmado el 5 de febrero de 2026, y la aprobación de regulaciones tecnológicas sólidas. También destacó la protección de la propiedad intelectual: el Tratado de Cooperación en materia de Patentes ya fue aprobado por la Cámara de Diputados, pero aún debe ser tratado por el Senado.
La riqueza bajo tierra enfrenta límites concretos
Los gobernadores plantearon que el principal cuello de botella no está en la disponibilidad de minerales, sino en la posibilidad de extraerlos y transportarlos a costos competitivos. Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, recordó que la Constitución de 1994 otorgó a las provincias el dominio de los recursos del subsuelo. Esa estructura convierte a los gobiernos provinciales en actores centrales para aprobar proyectos, habilitar operaciones y sostener acuerdos con las comunidades.
“De nada sirve tener los recursos si no se pueden sacar en tiempo y forma”, afirmó Cornejo. Carlos Sadir, gobernador de Jujuy, coincidió y reclamó inversiones para recuperar rutas nacionales y mejorar los controles sobre cargas. Mencionó especialmente las rutas 52, 34 y 9, además de la necesidad de fortalecer los pasos fronterizos hacia Chile.
La conexión con el océano Pacífico podría modificar la ecuación logística de la minería argentina. En la actualidad, buena parte de las exportaciones debe trasladarse hacia los puertos de Rosario y Buenos Aires, con mayores distancias y costos para los yacimientos del noroeste y de la cordillera. La infraestructura, por lo tanto, no es una condición secundaria: define si una reserva geológica puede convertirse en una operación rentable y sostenida.
Financiamiento, cobre y condiciones de largo plazo
Los organismos financieros internacionales coincidieron en que el capital llegará únicamente si se cumplen varias condiciones simultáneas. Viviana Alva-Hart, representante del Banco Interamericano de Desarrollo, enumeró tres prioridades: energía, agua y logística para las zonas remotas; permisos institucionales ágiles, especialmente en las provincias, y estándares ambientales y sociales capaces de reducir conflictos y asegurar la continuidad de las operaciones.
Patrick Alexander Avato, de la Corporación Financiera Internacional, sostuvo que el RIGI permitió convertir una expectativa basada en recursos conocidos en una agenda concreta de desarrollo. Desde Citi, William Husband ubicó al cobre como el mineral central de la próxima década y afirmó que la oferta mundial no alcanzará para cubrir la demanda durante los próximos cinco a siete años sin nuevas fuentes de producción.
El descenso del riesgo soberano argentino, que según Citi pasó de niveles cercanos al 24% al 4% en los últimos años, mejora el escenario financiero, pero no garantiza por sí mismo el cierre de los proyectos. La escala, los permisos, la infraestructura y la estabilidad de las reglas serán evaluados caso por caso por los prestamistas.
Una alianza con beneficios, pero sin inversiones automáticas
La adhesión argentina a la estrategia estadounidense puede facilitar el acceso a financiamiento, tecnología y mercados, además de reducir la dependencia de compradores o procesadores vinculados con China. Pero también plantea una exigencia: el país deberá demostrar que puede ofrecer minerales trazables, producción responsable y continuidad operativa durante décadas.
El embajador argentino ante la Casa Blanca, Alec Oxenford, reconoció que la participación en la Pax Silica no asegura inversiones automáticas. Su valor reside en mejorar la posición argentina frente a otros destinos mineros que también compiten por capital, infraestructura y contratos de abastecimiento.
La oportunidad geopolítica, en definitiva, solo se transformará en desarrollo si la Argentina logra coordinar al Estado nacional, las provincias, las empresas y los organismos financieros. El desafío no consiste únicamente en extraer litio y cobre, sino en construir una cadena productiva confiable que genere empleo, exportaciones y capacidades industriales sin quedar limitada a la venta de recursos sin procesar.
