El informe de Numbeo correspondiente a mitad de 2026 sitúa a Costa Rica, Perú, Colombia, Argentina, México y Brasil como los países latinoamericanos donde la población pierde más tiempo en desplazamientos diarios. Costa Rica encabeza la lista regional con 300,95 puntos y casi 60 minutos perdidos por trayecto, una cifra que solo supera Nigeria a escala mundial. Estos datos reflejan no solo el estado actual de las vías urbanas, sino también décadas de decisiones de planificación que priorizaron el vehículo privado sobre sistemas integrados de transporte masivo.
Orígenes del rezago en infraestructura y gobernanza
Durante la segunda mitad del siglo XX, la mayoría de las capitales latinoamericanas experimentaron un crecimiento poblacional acelerado sin que las autoridades acompañaran ese proceso con una red vial o de transporte público acorde. En Costa Rica, la ausencia de una política nacional de movilidad sostenida durante más de treinta años derivó en un modelo donde el automóvil particular se convirtió en la única opción viable para muchos residentes del área metropolitana de San José. La burocracia para ejecutar proyectos de infraestructura y la falta de coordinación entre entidades municipales y nacionales agravaron el problema, según explicó Silvia Rojas, directora de Asomove, a Bloomberg Línea.
El mismo patrón se observa en Perú y Colombia. El rápido aumento del parque automotor, impulsado por facilidades crediticias y la percepción de estatus asociada al vehículo propio, superó con creces la capacidad de las vías existentes. En Lima y Bogotá, el crecimiento desordenado de barrios periféricos obligó a miles de personas a recorrer distancias cada vez mayores sin contar con alternativas eficientes de transporte público, lo que elevó tanto los tiempos de viaje como los niveles de estrés y contaminación.

Impacto en la productividad y la competitividad empresarial
La congestión vehicular genera pérdidas económicas directas que van más allá del tiempo individual. Estudios locales en San José estiman que cada hora adicional en tráfico representa un costo equivalente al 0,8 % del producto interno bruto anual de la región metropolitana. Empresas de logística y distribución enfrentan gastos crecientes en combustible y mantenimiento, mientras que la puntualidad de los empleados se ve comprometida de forma sistemática. Este escenario reduce la competitividad de las economías latinoamericanas frente a países que han invertido de manera consistente en sistemas de transporte integrados.
En el caso de Colombia, el profesor Darío Hidalgo de la Universidad Javeriana señala que la expansión del uso de motocicletas ha mitigado parcialmente los tiempos de viaje, pero ha incrementado los riesgos de seguridad vial y los costos asociados a accidentes. Las aseguradoras reportan primas más altas y los sistemas de salud absorben un mayor número de atenciones por colisiones en zonas urbanas congestionadas.
Consecuencias ambientales y en la calidad de vida
El índice de tráfico de Numbeo incorpora variables como emisiones de carbono y estrés percibido. En las ciudades con mayores puntajes, los niveles de material particulado superan con frecuencia los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud, lo que eleva la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Familias de clase media en Ciudad de México y São Paulo destinan cada vez más horas semanales al traslado, reduciendo el tiempo disponible para actividades recreativas, cuidado familiar y descanso.
El deterioro de la calidad de vida también afecta la atracción y retención de talento. Profesionales calificados evalúan cada vez más la duración de sus desplazamientos al elegir lugar de residencia o empleo, lo que puede limitar el crecimiento de sectores intensivos en conocimiento si las ciudades no logran mejorar su movilidad.
Respuestas institucionales y proyectos en curso
Algunos gobiernos han comenzado a implementar soluciones que van más allá de la simple ampliación de carreteras. La primera línea del Metro de Bogotá, el tren eléctrico metropolitano en San José y la expansión del Metro de Lima representan intentos de crear sistemas de transporte masivo de alta capacidad. Estas iniciativas, si se completan en los plazos previstos y se integran con redes de buses de tránsito rápido y ciclovías, podrían reducir los tiempos de viaje y modificar los patrones de uso del automóvil particular.
No obstante, la efectividad de estas obras depende de reformas institucionales paralelas. Sin una planificación urbana que promueva ciudades más compactas y sin una gestión eficiente del suelo, las nuevas infraestructuras corren el riesgo de atraer mayor volumen de vehículos y reproducir la congestión en el mediano plazo, tal como advierte Hidalgo.
Perspectivas de evolución a largo plazo
La combinación de rezago histórico, crecimiento económico desigual y ausencia de políticas integrales de movilidad sugiere que los países latinoamericanos con peores índices de tráfico enfrentarán presiones crecientes en las próximas dos décadas. El aumento esperado de la población urbana y la transición hacia flotas de vehículos eléctricos, si no viene acompañada de cambios en el diseño de las ciudades, podría desplazar el problema sin resolverlo. Solo una estrategia que combine infraestructura moderna, transporte público de calidad y medidas de gestión de la demanda logrará modificar la tendencia observada en el informe de Numbeo.
