El euro cerró este 2 de septiembre con una cotización promedio de 27,82 pesos cubanos, según datos de Dow Jones. La moneda europea registró una variación diaria de -0,08% frente a los 27,84 pesos de la sesión anterior. Aunque el movimiento es reducido, prolonga una tendencia negativa de dos jornadas y refleja un mercado cambiario con oscilaciones moderadas dentro de un entorno económico cubano que mantiene fuertes presiones sobre la disponibilidad de divisas.

En la última semana, el euro acumuló una baja de 0,45%, mientras que en la comparación interanual el descenso alcanza 1,59%. Estas cifras describen una depreciación gradual del euro frente al peso cubano en la referencia observada, aunque no eliminan la relevancia de las monedas extranjeras en una economía donde hogares, empresas y sectores vinculados al turismo dependen de forma significativa del acceso a divisas.
Una baja leve en un mercado de menor volatilidad
La volatilidad actual del tipo de cambio se ubicó en 4,91%, por debajo del nivel de referencia de 5,76%. En términos financieros, esa diferencia indica que las variaciones recientes han sido menos intensas que el patrón habitual. La mayor estabilidad relativa no equivale necesariamente a una mejora estructural del mercado: puede responder a movimientos acotados en la cotización de referencia, mientras persisten restricciones de oferta, demanda acumulada de moneda extranjera y diferencias entre los distintos circuitos de cambio existentes en el país.
Para quienes reciben remesas, realizan pagos asociados a viajes o dependen de importaciones, un cambio pequeño puede tener efectos limitados en una sola operación, pero adquiere importancia cuando se sostiene durante varias semanas. La cotización del euro funciona además como un indicador seguido por actividades relacionadas con el turismo, los servicios profesionales y la adquisición de insumos en el exterior, rubros sensibles a la capacidad de generar y administrar moneda dura.
El crecimiento previsto para 2026 parte de una base debilitada
El Gobierno cubano proyecta que la economía crecerá 1% en 2026. La estimación coincide con la meta fijada para el año anterior, que no pudo cumplirse debido a la contracción del Producto Interno Bruto. El antecedente condiciona la lectura del nuevo objetivo: una expansión de esa magnitud supondría una recuperación limitada, insuficiente por sí sola para compensar el deterioro acumulado de los últimos años o para resolver los problemas de abastecimiento y capacidad productiva que afectan a la población y a las empresas.
Entre 2020 y 2024, la economía cubana se contrajo 11%, mientras que en 2024 el PIB cayó 1,1%, el segundo retroceso anual consecutivo. Esa trayectoria convierte el pronóstico de 1% en una meta de estabilización antes que de despegue. Para lograrla, el país necesitaría evitar nuevas interrupciones severas en sectores estratégicos y mejorar sus ingresos externos en un contexto de estrechez financiera.
Turismo y servicios médicos sostienen la expectativa oficial
El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, ha señalado que el país operará bajo condiciones de “economía de guerra”, una expresión que alude a amenazas, riesgos y tensiones que podrían intensificarse durante el próximo año. La previsión oficial descansa en mejores resultados del turismo y de los servicios de exportación, especialmente los servicios médicos, considerados una fuente relevante de divisas para la isla.
La lógica económica de esa apuesta es directa: mayores ingresos externos permitirían financiar importaciones, sostener actividades productivas y aliviar parte de las restricciones que hoy afectan al consumo y a la producción. Sin embargo, el resultado depende de factores que no están completamente bajo control interno, como la evolución de los mercados turísticos, la conectividad, la demanda internacional de servicios y las condiciones de acceso a financiamiento. Por ello, el margen entre una expansión modesta y otro año de estancamiento sigue siendo estrecho.
Inflación y déficit fiscal mantienen la presión interna
Las autoridades prevén que los precios del mercado formal aumenten 10% en 2026. De cumplirse, la tasa sería cinco puntos porcentuales inferior a la inflación interanual registrada al cierre de 2025, cuando alcanzó 14,07%. La desaceleración sería relevante, pero un incremento de dos dígitos seguiría erosionando el poder adquisitivo de los salarios y pensiones, especialmente en un escenario de escasez de productos básicos y creciente uso de divisas para acceder a determinados bienes.
El déficit fiscal estimado asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial aplicado a empresas. La cifra es similar a la del año anterior y evidencia la dificultad de reducir el desequilibrio de las cuentas públicas. Un déficit elevado exige financiamiento y limita la capacidad del Estado para responder a necesidades de inversión, infraestructura y protección social sin añadir presión sobre los precios o sobre el sistema monetario.
La moneda nacional en una economía marcada por la dolarización
El peso cubano sigue siendo la moneda de curso legal y se divide en 100 centavos. Desde el 1 de enero de 2021 dejó de circular legalmente el peso cubano convertible, como parte de la unificación monetaria conocida como “Día Cero”. La reforma buscó simplificar el sistema, pero coincidió con un periodo de inflación elevada, escasez de divisas y deterioro de la capacidad de compra de la moneda nacional.
La dolarización creciente añade complejidad a ese proceso. Cuando bienes esenciales o de alta demanda se comercializan mediante mecanismos ligados a monedas extranjeras, la cotización del euro y del dólar adquiere una importancia que trasciende el mercado financiero. El valor relativo de las divisas influye en decisiones familiares, costos de importación y expectativas de precios, incluso cuando la mayoría de los ingresos se perciben en pesos cubanos.
La inversión extranjera aparece como una condición para cambiar la tendencia
El Gobierno ha reconocido la necesidad de atraer inversión extranjera y ha prometido un entorno más dinámico y transparente para los inversores, con mayores facilidades y garantías. El desafío consiste en traducir esas promesas en proyectos capaces de generar exportaciones, sustituir importaciones y aportar liquidez. Sin una entrada sostenida de capital y sin mejoras en la producción interna, la recuperación continuará dependiendo de fuentes de divisas vulnerables a factores externos.
El cierre del euro en 27,82 pesos cubanos debe leerse, por tanto, como una señal puntual dentro de un cuadro más amplio. La menor volatilidad puede ofrecer una pausa en las oscilaciones diarias, pero la evolución de la moneda seguirá vinculada a la inflación, al déficit, al desempeño del turismo, a la disponibilidad de financiamiento y a la confianza en que la economía cubana pueda pasar de una estabilización frágil a un crecimiento efectivo.
