El superávit externo fortalece las reservas y alimenta las expectativas de una baja del riesgo país argentino

La economía argentina atraviesa en 2026 una mejora de sus cuentas externas que comenzó a reflejarse en la acumulación de reservas y en las expectativas del mercado financiero. Entre enero y julio, la cuenta corriente de la balanza de pagos registró un superávit de USD 3.531 millones, frente a un déficit de USD 1.795 millones en el mismo período de 2025. El resultado se produjo en un contexto de dólar relativamente estable, demanda interna debilitada y mayor impulso a las actividades orientadas a la exportación.

El dato tiene relevancia porque la cuenta corriente muestra si un país genera, a través del comercio de bienes y servicios y de los ingresos provenientes del exterior, más divisas de las que utiliza para pagar importaciones, intereses y otros compromisos. Un saldo positivo facilita la recomposición de reservas, reduce la necesidad de endeudamiento externo y ofrece una mayor protección frente a shocks financieros o variaciones bruscas de los precios internacionales.

El comercio de bienes fue el principal motor

De acuerdo con un informe de la sociedad de bolsa Allaria, la mejora acumulada de USD 5.327 millones respecto del año anterior se explicó principalmente por un incremento de USD 8.947 millones en la balanza comercial. Ese aporte fue parcialmente compensado por mayores pagos de intereses, por USD 2.025 millones, y por el giro de utilidades que no se había habilitado durante el año previo, estimado en USD 3.222 millones.

La evolución contrasta con el período 2016-2018, cuando la Argentina registró déficits de cuenta corriente aun en algunos años de crecimiento. En aquellas etapas, el déficit de servicios, los pagos financieros y una mayor demanda de importaciones absorbían buena parte del superávit comercial de bienes. El resultado de 2026 también aparece por encima del registrado en 2019, aunque todavía se ubica por debajo de los superávits observados en 2007, 2008 y 2009.

El superávit externo fortalece las reservas y alimenta las expectativas de una baja del riesgo país argentino

El balance cambiario del Banco Central también mostró una posición favorable. En los doce meses terminados en julio, la combinación de una cuenta corriente cambiaria positiva y una cuenta financiera con saldo favorable permitió un aumento aproximado de USD 5.940 millones en las reservas internacionales. En ese período, según el analista Salvador Di Stefano, la cuenta corriente cambiaria obtuvo un resultado positivo de USD 2.549 millones.

La composición de ese saldo revela tanto fortalezas como dependencias. La balanza de bienes aportó USD 28.200 millones, mientras que el pago de intereses alcanzó USD 12.800 millones y la balanza de servicios arrojó un déficit de USD 9.400 millones. Esto significa que la mejora externa no depende únicamente del crecimiento exportador: también está condicionada por el costo de la deuda, el turismo, los fletes, los servicios profesionales y la capacidad de contener la salida de divisas.

Vaca Muerta y el factor del petróleo

El sector energético tuvo un papel decisivo. El superávit comercial de energía acumuló USD 6.853 millones en los primeros siete meses del año, impulsado por el crecimiento de Vaca Muerta y por el aumento de las exportaciones de hidrocarburos. Las ventas externas del sector alcanzaron USD 9.151 millones, un récord para ese período y un 50% más que un año antes.

Sin embargo, parte de ese desempeño responde a un factor coyuntural: el precio internacional del petróleo subió 53% en 2026 y se acercó a los USD 100 por barril. La mejora energética, por lo tanto, fortalece la posición externa, pero no está completamente bajo control de la política económica argentina. Una eventual corrección de las cotizaciones, una menor demanda internacional o interrupciones productivas podrían reducir el aporte del sector al balance de divisas.

La correduría Balanz advirtió que los precios de las materias primas continúan siendo determinantes, en un mercado marcado por la volatilidad asociada a la situación en Medio Oriente y por la creciente incidencia del fenómeno de El Niño. La dependencia de los productos primarios mantiene abierta la discusión sobre la sostenibilidad del superávit si cambian las condiciones internacionales.

Más reservas, pero también una economía más dolarizada

El Banco Central acumuló compras de divisas por más de USD 14.000 millones hasta septiembre y, paralelamente, los depósitos en dólares del sector privado superaron los USD 40.000 millones. El monto prácticamente triplica los poco más de USD 14.000 millones registrados en diciembre de 2023.

Quantum Finanzas señaló que, desde fines de 2023, la economía se fue dolarizando gradualmente. Los bancos incrementaron el crédito al sector privado y una proporción cada vez mayor de esos préstamos se otorgó en dólares, en parte gracias al crecimiento de los depósitos en esa moneda. El fenómeno puede ampliar el financiamiento para sectores con ingresos dolarizados, pero también aumenta la exposición de empresas y bancos a una eventual alteración del tipo de cambio o a una caída de los ingresos de exportación.

El mercado evalúa cuánto puede bajar el riesgo país

Después de un agosto negativo para las acciones y los bonos argentinos, cuando el índice de riesgo país subió 18%, el clima financiero comenzó a mejorar en septiembre. El indicador elaborado por JP Morgan volvió a perforar el umbral de 500 puntos básicos y se aproximó a los 403 puntos, cerca del mínimo de julio de 2026 y del nivel más bajo desde abril de 2018.

La cuenta corriente positiva, la estabilidad cambiaria, los precios favorables para los granos y la energía y el aumento de las reservas netas conforman un escenario propicio para una nueva compresión del riesgo. La lógica del mercado es que una mayor disponibilidad de divisas reduce la probabilidad de tensiones externas y mejora la capacidad del país para afrontar sus compromisos financieros.

Allaria planteó dos escenarios para diciembre. En el escenario base, el Banco Central compraría USD 19.000 millones durante 2026, la inflación seguiría descendiendo y la recuperación de los salarios reales respaldaría la imagen del Gobierno. Bajo esas condiciones, la Argentina podría colocar unos USD 5.000 millones de deuda en los mercados internacionales y llevar el riesgo país hacia los 400 puntos básicos.

El escenario adverso contempla compras oficiales acumuladas por apenas USD 10.000 millones, una interrupción de la baja inflacionaria y una depreciación del peso impulsada por un dólar global más fuerte. En ese caso, el deterioro de los salarios reales y una mayor incertidumbre sobre el programa financiero de 2027 podrían impedir el regreso al mercado internacional y elevar el riesgo país hasta 700 puntos básicos.

Para Martín Mazza, el próximo desafío será comprobar si los activos argentinos pueden continuar mejorando aun cuando las tasas de interés estadounidenses permanezcan estructuralmente elevadas. La discusión dejó de centrarse exclusivamente en la estabilización cambiaria y comenzó a trasladarse al costo de capital y a las valuaciones. La mejora externa abrió una oportunidad concreta, pero su permanencia dependerá de que el superávit se sostenga más allá del impulso excepcional de la energía, de que las reservas sigan creciendo y de que el Gobierno logre recuperar el acceso regular al financiamiento sin volver a acumular desequilibrios.

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