La morosidad crediticia alcanzó a casi seis millones de usuarios de servicios financieros y expuso un problema que excede al sistema bancario: el deterioro de los ingresos ya compromete el pago de tarjetas, servicios básicos y deudas personales. Una encuesta de D’Alessio Irol/Berenztein presentada en la Convención Anual del IAEF mostró que el 35% de los consultados tenía algún atraso; el 20% acumulaba demoras superiores a 30 días, el umbral utilizado por el Banco Central para identificar la mora.
Una presión que se extiende al consumo básico
Entre quienes registraban pagos pendientes, las tarjetas de crédito bancarias y no bancarias concentraron el 59% de las menciones. Sin embargo, las facturas de luz, gas, agua, telefonía e internet llegaron al 37%, mientras que los préstamos y descubiertos bancarios representaron el 33%. También aparecieron deudas con familiares, amigos o prestamistas particulares, con el 26%, y compromisos de alquiler, expensas o vivienda, con el 16%. La distribución revela que la falta de liquidez no se limita al financiamiento: afecta gastos esenciales y redes informales de apoyo.

La caída o pérdida de ingresos fue señalada por el 66% de los morosos como causa del incumplimiento, por encima de los aumentos en luz, cable e internet, mencionados por el 58%. Los gastos de salud alcanzaron el 27% y las emergencias o desembolsos inesperados, el 22%. El patrón indica que el atraso surge principalmente de la combinación entre menor poder adquisitivo y costos rígidos, no de decisiones aisladas de consumo.
La carga financiera también resulta elevada: el 37% destinaba entre el 41% y el 50% de sus ingresos al pago de deudas, y otro 25% comprometía entre el 31% y el 40%. La presión es más severa en los hogares de menores recursos: el atraso superior a 30 días afectó al 30% de ese grupo, frente al 5% del nivel socioeconómico alto.
La salida, además, no parece inmediata. El 60% afirmó que no cuenta con ingresos suficientes para regularizar sus obligaciones; el 16% debe priorizar alimentos, vivienda o salud, y el 9% enfrenta intereses y recargos que agrandan el saldo. Sin una recuperación real de los ingresos o una reducción del costo financiero, la mora puede prolongarse más allá del atraso inicial y trasladarse de las tarjetas a toda la economía doméstica.
