Un hipopótamo de apenas 15 días murió este miércoles en Antioquia, Colombia, pese a los esfuerzos de veterinarios que intentaron estabilizarlo tras encontrarlo sin su madre y en grave estado de desnutrición. El ejemplar fue localizado por pescadores entre arbustos, a orillas de un río, y trasladado a un santuario de la Hacienda Nápoles, hoy convertida en parque temático.
La corporación ambiental Cornare informó que el animal ingresó con deshidratación crónica, malnutrición y un cuadro gastrointestinal agudo. Aunque recibió maniobras de rescate y rehidratación, no respondió al tratamiento. Su muerte evidencia la vulnerabilidad de una población que se ha expandido sin control en un ecosistema donde no existen depredadores naturales capaces de regularla.

Una herencia convertida en problema ambiental
El hipopótamo era descendiente de los animales que el narcotraficante Pablo Escobar llevó a su Hacienda Nápoles en la década de 1980. Tras la muerte del capo en 1993, varios ejemplares escaparon y se reprodujeron en la cuenca del río Magdalena. El Gobierno calcula que solo en esa zona viven al menos 200, una cifra que convierte a la colonia en la más grande fuera de África.
La especie es considerada invasora porque altera la vegetación, contamina los cuerpos de agua y ha provocado ataques contra pobladores. El crecimiento de la población llevó al Gobierno de Gustavo Petro a aprobar este año un plan para sacrificar cerca de 80 animales, después de que las esterilizaciones no lograran frenar su reproducción.
El caso del ejemplar fallecido concentra el dilema de la gestión: rescatar individuos debilitados no resuelve una expansión que amenaza el entorno, mientras que las medidas de control enfrentan críticas por razones éticas. La prioridad oficial será contener la colonia antes de que sus efectos ecológicos y los conflictos con las comunidades sean irreversibles.
