Rastreo revela cambios de espacio por presencia humana

La presencia de personas estuvo asociada con cambios en el uso del espacio y los recursos en más del 65% de las especies silvestres analizadas por investigadores de UC Santa Barbara, el Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute y Yale University. El estudio, publicado en Science el 21 de mayo de 2026, examinó datos GPS de 4.581 animales de 37 especies de mamíferos y aves en Estados Unidos.

Los resultados indican que los efectos no siguieron un patrón único: algunas especies redujeron el área que utilizaban, mientras otras la ampliaron. En ciertos casos, la reacción también varió según el nivel de transformación previa del paisaje. El trabajo separó la influencia de la presencia humana de la causada por carreteras, ciudades, agricultura y otras modificaciones físicas del entorno.

Para distinguir ambos factores, el equipo aprovechó los cambios abruptos de movilidad durante la pandemia de COVID-19. Comparó registros semanales correspondientes a los mismos periodos de 2019 y 2020, cuando la distribución de la actividad humana se modificó en numerosos lugares, sin que el paisaje físico cambiara con la misma rapidez.

Los científicos emplearon datos anónimos de geolocalización de teléfonos celulares, con resolución a escala de vecindario, para estimar dónde se encontraban las personas. Esa información se combinó con los desplazamientos GPS de los animales y con mediciones de modificación del paisaje. El análisis consideró tanto el área geográfica usada por cada individuo como su nicho ambiental, entendido como el conjunto de condiciones y recursos que aprovechaba.

Según el desglose difundido por UC Santa Barbara, el 67% de las especies de mamíferos y el 68% de las especies de aves mostraron cambios asociados con la presencia humana en el área ocupada o en su nicho ambiental. Además, el 57% de las especies presentó efectos vinculados tanto con la actividad de las personas como con la modificación del paisaje.

Las respuestas variaron entre especies. Los lobos ampliaron el espacio utilizado cuando aumentó la presencia humana. Los autores plantearon que recorrer áreas mayores podría ayudarles a mantenerse alejados de las personas, aunque aclararon que esa posibilidad no constituye una causa demostrada por el estudio.

El venado de cola blanca mostró un comportamiento diferente: su nicho ambiental aumentó conforme crecía la modificación del paisaje, pero se redujo cuando aumentó la presencia de personas. Las grullas canadienses registraron la respuesta contraria. Estas diferencias impiden concluir que todos los animales se alejen de las personas o que todas las especies reduzcan su territorio ante una mayor actividad humana.

La investigación tampoco determina si los cambios de comportamiento son positivos o negativos para la supervivencia de los animales. Ruth Oliver, coautora principal e investigadora de UC Santa Barbara, señaló que el grupo busca establecer en una segunda etapa si los individuos que modifican su conducta frente a presiones humanas tienen una probabilidad mayor o menor de morir.

Los resultados se limitan a 37 especies de mamíferos y aves del territorio continental de Estados Unidos, por lo que no pueden extenderse automáticamente a toda la fauna mundial. Para la conservación, el estudio plantea la necesidad de evaluar no solo cuánto se transforma un hábitat, sino también dónde, cuándo y con qué intensidad están presentes las personas.

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