Los datos del Banco de México correspondientes a los primeros cinco meses de 2026 muestran que las remesas alcanzaron 25 mil 287 millones de dólares, un incremento del 2.8 por ciento frente al mismo periodo de 2025. Esta recuperación se produce tras un año marcado por la aplicación de un impuesto del 1 por ciento a los envíos en efectivo y giros postales decretado por la administración de Donald Trump en julio de 2025.
El origen de esta medida se remonta a la campaña electoral de 2024, cuando el entonces candidato republicano prometió endurecer el control migratorio y gravar los flujos financieros vinculados a la población indocumentada. México concentra casi la mitad de los 11 millones de personas sin papeles en Estados Unidos, por lo que el impuesto afecta directamente a un colectivo que aporta cerca del 4 por ciento del PIB mexicano.
Antecedentes de una dependencia estructural
Durante once años consecutivos las remesas crecieron de forma ininterrumpida, convirtiéndose en la principal fuente de divisas del país por encima de la exportación petrolera. En 2024 el monto anual llegó a 64 mil 700 millones de dólares; sin embargo, 2025 marcó la primera caída anual del 4.6 por ciento. La contracción coincidió con operativos migratorios más estrictos en la frontera y con la entrada en vigor del gravamen.
La respuesta del gobierno mexicano fue inmediata. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció un programa de reembolso que cubre el impuesto pagado por los connacionales, financiado con recursos del presupuesto federal. Esta medida busca neutralizar el efecto del tributo bilateral, aunque genera un costo fiscal adicional estimado en 600 millones de dólares anuales.

El programa de reembolso se implementó en paralelo a una estrategia diplomática que invoca el tratado contra la doble tributación firmado en 1994. Hasta ahora, Washington no ha modificado su postura, lo que mantiene abierta una disputa comercial y fiscal que podría escalar si México decide aplicar represalias en otros ámbitos, como la cooperación en seguridad fronteriza.
Impacto en hogares y comunidades receptoras
En estados como Michoacán, Guanajuato y Jalisco, donde las remesas representan entre el 8 y el 12 por ciento del ingreso familiar promedio, la estabilización observada en mayo de 2026 ha permitido a muchas familias mantener el pago de colegiaturas y gastos médicos. Un estudio de la Universidad de Guadalajara realizado en 2025 reveló que el 63 por ciento de los hogares que reciben remesas destinan al menos el 40 por ciento de esos recursos a educación y salud.
La reducción del 2.3 por ciento en el número de operaciones, compensada por un aumento del 5.6 por ciento en el monto promedio (404 dólares), sugiere que los migrantes están enviando cantidades mayores con menor frecuencia. Este patrón puede interpretarse como una estrategia de optimización ante el impuesto: se agrupan envíos para reducir el número de transacciones gravadas.
Efectos macroeconómicos y riesgos de largo plazo
La contribución de las remesas al PIB mexicano (4 por ciento) las convierte en un estabilizador macroeconómico relevante, especialmente cuando el crecimiento interno muestra debilidad. La contracción del 0.6 por ciento del PIB en el primer trimestre de 2026 se vio parcialmente atenuada por el flujo de divisas externas. Sin embargo, una dependencia tan elevada genera vulnerabilidad ante cambios regulatorios en Estados Unidos.
Analistas del Banco de México advierten que si el impuesto se extiende a transferencias electrónicas, el impacto podría restar entre 0.8 y 1.2 puntos porcentuales al crecimiento anual. Además, el encarecimiento relativo de los envíos podría acelerar procesos de integración laboral de los migrantes en territorio estadounidense, reduciendo la necesidad de enviar recursos a México y modificando los patrones de circularidad migratoria observados en las últimas dos décadas.
Desde la perspectiva regional, el impuesto también afecta a países centroamericanos que utilizan el sistema financiero mexicano como puente. Guatemala y Honduras han registrado descensos en remesas canalizadas a través de instituciones mexicanas, lo que añade presión diplomática sobre México para negociar una solución regional.
Perspectivas de sostenibilidad
La tendencia alcista registrada en mayo de 2026, con un crecimiento mensual del 6.7 por ciento, indica que las familias mexicanas siguen dependiendo de estos ingresos pese a las barreras. No obstante, el aumento del 25.9 por ciento en las remesas enviadas desde México al exterior (108 millones de dólares) refleja un flujo inverso vinculado a la presencia de trabajadores centroamericanos en el país, complicando el balance neto de divisas.
En el mediano plazo, la capacidad de México para mantener el nivel actual de remesas dependerá de tres factores: la evolución de la política migratoria estadounidense, la efectividad del programa de reembolso fiscal y la diversificación de las fuentes de ingreso de las familias receptoras. Sin avances en este último punto, el país seguirá expuesto a decisiones tomadas en Washington que afectan directamente su estabilidad económica y social.
